Giovanna & June

Pasan de las dos de la madrugada de una larga noche de mayo. June (por Junuen), norteña de Parral, Chihuahua, hechicera del cacao y chef de oficio está sentada, menuda y atractiva, en la barra color verde irlandés del Curandero. Giovanna, mecenas de todas las almas perdidas, del otro lado de la barra sirve férrea y rumana los últimos tragos a los habituales aguerridos. Suena la música del set de la DJ neoyorquina. Es hora de cerrar. La banda argentina que tocó se ha ido.  Lo femenino se impone por encima del puente latino de ambas culturas que asiste al diálogo, por demás eslavo-mexicano: 

 June: (exhalando, que no aguanta, busca con los gestos) ¡Ya!, un ratito. Hablemos ¿no?

Giovanna: (moviendo enérgica la mano en círculos con el brazo levantado sobre su cabellera rizada) No. ¡Ahora no! Tengo mi cabeza cansada y estoy trabajando. No quiero pensar.

(La pausa se siente, larga)

June: (sin molestarse, se resigna) Bueno… Pero quiero un abrazo.

Giovanna: (se le queda viendo y luego hace un ademán con la mano para que June rodée la barra. Giovanna sale a su encuentro)

June y Giovanna: (Se dan un largo abrazo. Se dicen algo) [inaudible y breve al oído]

(Allí mismo todo está dicho. Sonríen y se separan. June se marcha).

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