La invasión de las maletas

Esta es la historia de Juan gracias a Álvaro y a todos los jóvenes que como él hoy brincan ligeros por el mundo, muy encima de la globalización y en algunos casos con ayuda de “la invasión de las maletas”. Por esa invasión, Álvaro conoce a Maximino, un personaje fundamental de la Revolución Cubana. Se encuentran y aprenden de ambos, libres como son. Días después la historia de Álvaro se teje con la mía en la playa, para ayudarme a comprender que ha llegado la hora de dejar el peso de mis propias maletas llenas de los dogmas que cargué por tantos años, de una vez por todas, para así cambiarlas por el amor ligero y grato de sólo los recuerdos. Por simplemente gritar “amo esa Isla” y amo mi vida latinoamericana, libre de banderas. Para amar la tierra que me vio crecer y “que me dio tanto”, que me dio mi querencia chilena, y que hace muy poco la dejó ya libre de la tristeza de los lazos rotos. Y para depositar como Maximino mi fe inquebrantable en los jóvenes y en el futuro. 

 

“Las piedras del dolor que se vayan con el mar…” (El Soldado)

Así habló Zaratustra , de F. Nietzsche

Capítulos
Juan y el arrecife
Con la Revolución por aliento
Cuando algo esta podrido tiene gusanos
De la Revolución al golpe de Estado
El cíclope de apetito global
Ramiro el argentino
Diego Rivera, Rockefeller y “El hombre en la encrucijada”
"La historia me absolverá"
La misión de Maximino
La invasión de las maletas
Álvaro, Fátima y Maximino
El portal de Chávez
La mesa comunitaria
Consigna de equipaje

Juan y el arrecife

“… / cuando se quiebra el cuerpo como un barco encallado 

en la tardía luz de una bengala/… “

Poema: Barco Encallado. Laura Yasán.

Tenía semanas que no iba a la playa. Esa tarde de noviembre por fin lo hice. Un sol amable desentumecía mi cara y el costado izquierdo del cuerpo de su encierro por las lluvias. De mi lado izquierdo estaba el sur y del sur, las tierras chilenas de mi infancia. Siempre tengo presente hacia dónde está el sur, no importa donde me encuentre. Esa tarde estaba sentado en un tronco sobre la arena del Camping Chávez. Era un domingo tranquilo con brisa fresca del norte. La playa era el mismo paraíso blanco y esmeralda en pleno Caribe mexicano del que tantas veces me pregunto con cierto cargo de conciencia cómo puede ser tan hermoso. El mar-paraíso me quedaba a escasos cuatro kilómetros del pueblo en el que elegí vivir hace once meses y que recorro en bicicleta. Yo aún digo que la elección fue mía, pero me río cuando lo pienso. Tulum está siendo mi Zamá, mi amanecer, mi despertar, a mis cincuenta y dos años-haab o tunes, que son los mismos con que se repite el calendario Maya.

Elegí vivir aquí, pero nunca adiviné cómo viviría.

Un año antes había encallado en un banco de arena suave en estas costas. Quedé varado. Luego ya en tierra, Tulum me hipnotizó. Cuando me leyeron las cartas, escuché atento que venía a sanar y a escribir. Y así fue. Si supieran los caminos por los que la escritura me ha llevado.

En esos primeros meses de aturdimiento, de mi repetir mecánico de lo que “sabía hacer”, del reiterar mi vida y reiterarme yo una y otra vez igual que un disco LP que no puede brincar el surco y sólo repite el mismo pedazo de canción porque no puede hacer otra cosa, no podía ver aún la enfermedad de espíritu que había carcomido como el óxido con la sal de mar, completas mis relaciones de pareja y mis familias. Lo único claro era que estaba mirando sus inexorables síntomas, y que lo hacía desde mi absoluta soledad. Tuve la suerte de tener una amiga en la playa que me aconsejó de inmediato, parar el tocadiscos y cambiar por un LP cuya matriz no estaba aún fabricada.

Elvira lo sabía, pero no me lo dijo: la música la habrían de componer mi fe y mi destino, y no yo.

El oro que traje se quedó en el barco encallado. Cuando pude regresar por él los piratas, porque aún los hay, ya se lo habían llevado todo.

Así comencé una vez más, de varios intentos que llevo desde cero, mi vida, sólo que ésta vez en particular tuve que morir para nacer de nuevo. Dejar la ira y el resentimiento de lado y quedarme sólo la valentía. Ser honesto conmigo y aceptar todas las vueltas de timón que de todas formas me harían encallar cualquier día como aquel en que llegué a estas playas. Tuve que mirar hacia arriba, más allá del púlpito en el mástil quebrado, al azul del cielo tras la tormenta y entonces, ceder para siempre mi absurda noción de mando.

Si me preguntaran qué he hecho en los últimos meses, diría que he cedido en todo. En todo menos en esto, que me pesaba tanto como el ancla del barco, y que es hora de contar.

Con la Revolución por aliento

“La revolución es algo que se lleva en el alma, no en la boca para vivir de ella.”

Ernesto “Che” Guevara.

A unos cientos kilómetros de la playa donde estoy sentado, al Noreste y por el mar en línea recta, está Cuba. Con frecuencia he imaginado verla desde la playa. Mirar a Cuba es como mirar a mi pasado, a mi primer par de años de infancia, esos que olvidamos o de los que, salvo por impresiones muy fuertes, sólo quedan brochazos de un pincel muy suave.

La Revolución Cubana fue un ejemplo para mi desde niño. Traía a la Revolución conmigo desde siempre. Era una de las cosas que me definía, aún cuando no la pudiera recordar.

Tenía apenas un año cuando viví en la isla entre el ’61 y el ’62, y el triunfo de la Revolución armada en enero del ’59 pasaba al arduo trabajo de construir un verdadero país. De aquello sólo tengo evidencia en unas fotos en las que aparezco junto a mi madre al lado de balas de cañón en un fuerte, sentado en la barda del malecón con ella o cargado en hombros por mi padre. También conservo una en la que aparezco rapado, feliz, ágil y seguro de sí mismo en una guardería infantil. Quizá dejé algo en Cuba porque ese niño nunca apareció así más en las fotos que mi padre me hizo después en Chile, donde crecí.

Yo y mi madre en La Habana, Cuba, 1961. Foto por mi padre.
Yo y mi madre en La Habana, Cuba, 1961.
Foto por mi padre.

Mi admiración leal e inamovible a Cuba esta centrada en dos cosas. La primera acerca de la forma, la actitud a tener cuando se va por el camino y que hay en la frase ”¡Hasta la victoria siempre!” Es la ruta de la Revolución misma y la de todos sus valientes haciendo “camino al andar”, que dieron al pueblo Cubano la oportunidad de construir un futuro digno, viendo desde su triunfo por su alimentación, iniciando programas de alfabetización y de salud y luego desarrollando su producción básica entendiéndose una muy particular isla en el Caribe y dejando atrás el abandono y la explotación en que vivían siendo colonia de dos imperios por mucho tiempo. Este asunto es para mi también mi acostumbrado llamado a no sucumbir, a perseverar a no cejar en mi propio camino, que siempre ha estado conmigo, más aún en las situaciones extremas de mi vida y la de muchos en los años recientes.

Mi segunda fuente de admiración está en el ejemplo que sus personajes, de los que Fidel y el Che ocupan un rol estelar, digan lo que digan, el primero por tenaz, estadista, sobreviviente, estratega y hombre astuto y ahora sabio, producto de saber bailar y leer a tiempo un mundo de guerra fría y seguir vivo para describir  como previsible el que hay hoy a la mano de logros pero también de guerra por todas partes. El segundo por su lealtad, por táctico, por valiente, por no eludir nunca un combate, por saber ejecutar, por su capacidad de comunicar la Revolución, por haberse sumado siendo médico, por su carisma, por decidir ese camino siendo él libre, y por su muerte que afirmó el ideal revolucionario para millones de personas en el mundo por décadas después. Con ellos, muertos o vivos, el gran aparato del Poder nunca pudo, ni podrá ya.

Cuando algo está podrido tiene gusanos

“Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para crear impresiones que no durarán, en personas que no nos importan”

Emilie Hernri Gauvreay

Tengo claro que para mi hay una sóla Cuba y es la que ocupa su Isla.

Cualquier otra cosa, como he advertido por obvio varias veces a lo largo y ancho de las playas de Tulum o en las calles de Playa del Carmen, escuchando a calurosos anticastristas organizados de guayabera blanca y sombrero de palma o de vestidos vaporosos, que me contaron abiertamente sus principios y acciones. Para mi todo esto resulta de manera implacable una maniobra de sabotaje producto de mafias, de “gusanos” a los que he sumado con los años a muchas nacionalidades más que la de aquellos que se dicen ser cubanos pero actúan en contra. Las mafias después de todo, se remontan a la historia de Cuba por ejemplo contra el movimiento sindical en los ’40 o contra la Revolución recién proclamada. Cuando algo está podrido, tiene gusanos. Punto.

Todos ellos claman por una Cuba Libre pero precisamente de aquello con lo que no han podido terminar; de la libertad que le da a un pueblo la educación, la salud y la alimentación como única vía. Una mirada a nuestra Latinoamérica basta para comprender que lo estándar es precisamente la falta de estos logros a cambio de pertenecer al club del consumo con la bendición del rey mercado. Por supuesto el logro cubano no ha sido ni pudo ser sin el sacrificio de su pueblo y es entendible que estén cansados, en mucho también por el esfuerzo adicional del bloqueo por parte de los que claman en contra, pero esos logros no se los quitará ya nadie. Cuba es libre porque fue valiente.

La otra libertad, la libertad de las marcas y del anónimo mercado, por suerte ha quedado relegada a la tristemente célebre por su nombre cubalibre de onza media de ron ligero sobre hielo, Coca-Cola hasta rellenar y una gotas de lima o en su defecto limón.

Son éstos gusanos y sus redes, apoyados siempre por financiamiento y operaciones algunas encubiertas, los que por décadas han pretendido sin éxito desestabilizar Cuba. Son ellos los que se niegan a aceptar la libertad verdadera de ese pueblo. En el fondo todos estos esfuerzos de diversas nacionalidades por desacreditar la Revolución son parte del mismo; uno más tan sólo de los múltiples brazos del único Poder imperialista y ahora global que representan.

¡Pobres! todos esos recursos, toda ese poder y siguen perdiendo el sueño por los logros de una isla diminuta pero gigante por su gente. Hay que ver.

En mi contexto, la Revolución, que es parte de mi historia, me deja  comprenderme como un sobreviviente en resistencia permanente. Ha sido una fuente de energía inagotable para mi carácter independiente y contracorriente de toda la vida. Desgraciadamente de ese pueblo más de uno se ha prestado para traicionar conmiserándose de sus privaciones individuales por la Revolución, prostituyéndose de una u otra forma incluida aquella en especie, a cambio de dinero caro, para terminar gastándolo en el elixir que corre en las venas del sistema de mercado nada libre de los demás países, que necesita de mercancía de consumo siempre nueva y de marca, para subsistir. Como ejemplo está la ropa, no, no aquella que abriga o protege, sino la que está a la moda. Aquella que desde que sale al mercado empieza a suicidarse. Eso es uno de los iconos del mercado contemporáneo. La ropa a la moda y de marca, ¿Cómo vestir sin ello? ¿Qué van a decir? Para mi, aquellos que se dan con el látigo de la tristeza porque no tienen “jeans” de moda resultan pueriles. Y las redes que introducen la ropa a la Isla simplemente trafican, para decirlo con su nombre; alimentan un mercado negro, se aprovechan de la gente, sirven al terrorismo de un estado que reiteradamente derroca otros en nombre de la democracia o cuando menos de un sistema de consumo que no le da nada a su pueblo, salvo chatarra que no necesita comprar pero que el sistema de Poder sí necesita que alguien compre.

Quejarse por hablar mal de Cuba, comentar de los autos viejos, de las paredes sin pintura y de los viejos sin dientes, sin ver cuantos jóvenes pudieron finalmente  tener en buen estado los suyos y además leer para ser médicos que curan a otros pueblos o enseñan a leer donde sus propios médicos y jóvenes no son enviados por tratarse de la chusma que vive alejada de la oportunidad electoral en alguna sierra. No ver lo anterior o por ejemplo no reconocer el avance de la ciencia misma contra enfermedades asociadas a la diabetes, al vitiligo, al Parkinson que han logrado los cubanos y que benefician a los enfermos de otros países, es querer ser ciego y sordo o querer desaparecer y silenciar los logros, pero en vano.

Yo en Cuba, 1962. Foto por mi padre.
Yo en Cuba, 1962.
Foto por mi padre.

De la Revolución al golpe de Estado

“¿Qué culpa tengo yo de tener la sangre roja y el corazón a la izquierda?”

Ernesto “Che” Guevara.

Esa Cuba que habita la Isla a poca distancia por mar frente a mi playa, formaba parte de una historia que agrega contexto a mi admiración cubana y que viví directamente, en mi entrañable tierra chilena. Poco después de la visita de Fidel y del trabajo de entrevista que el periodista Augusto Olivares les hiciera  y en la que el presidente chileno, médico y estadista, hombre culto, humilde, valiente y ejemplar,  habla con Fidel de mejorar las condiciones del pueblo, el gobierno de los  Estados Unidos en la administración de Nixon, una de las más corruptas de ese país (Watergate) desestabilizó mi país con la participación gustosa de la clase acomodada y conservadora el país, apoya el golpe de estado de los militares mientras los aviones Mirage – cual drones de los 70’s – asesinan la democracia recién nacida y frágil de la Unidad Popular junto con Allende. Esto pasaba mientras yo los veía girar desde el patio de mi casa y les escuchaba romper la barrera del sonido, en dirección al centro de Santiago para volver a soltar las bombas a la Moneda. Mucho del gabinete y de miles de civiles murió en los días y años que siguieron de asesinatos, represión, tortura y exilio cuando menos, de millones de chilenos, millones. Detrás de esto todo la sinfonía de la destrucción masiva del imperialismo, en ejecución a cargo de  Nixon y Kissinger como ha quedado comprobado sin el menor remordimiento años después en documentos de-clasificados. Kissinger fue quien empujó la carreta todo el tiempo. Detrás de él, se conoce ahora que entre otros intereses, estaba la ITT (International Telephone and Telegraph Corporation).

Con el asesinato de Allende y la guerra civil que siguió, que fragmentaron familias incluyendo la mía definiéndolas a favor y en contra, se hizo imposible vivir en zozobra en el Santiago de las calles ensangrentadas del mismo color rojo de su bandera que ya no el de la flor del Copihüe, en las riberas de un Mapocho lleno de cadáveres flotando, o en el azul de su cielo atestado de helicópteros en vuelos rasantes oscuros y con ametralladoras, del Santiago sin garantías y con  una televisión en blanco y negro que daba partes aún llamados noticias, con un brazo militar de banda negra enfocado de perfil por la cámara del lado izquierdo de la pantalla y del que leía a cámara.

Lloramos desconsoladamente con mi madre pegados al radio en la cocina, junto con la lavandera y cocinera de años por que transmitía las ultimas palabras de un Salvador Allende valiente hasta el final. Sentí por primera vez una ira irrefrenable por algo más grande que mi pequeño mundo hasta entonces escolar o familiar. Yo no lo sabía pero lloraba también todas las derrotas que se acumulaban en mi genética y en la palabra constante de mi padre sobre el facismo, el franquismo en la Guerra Civil española, y sobre mi abuelo que la peleó siendo edecán militar del Presidente Azaña. Todos éramos o habíamos sido Juan, metafóricamente y literalmente de nombre.

Allí se fraguó en mi el odio y la ira que sumó todas las comunes propias de muchas infancias,  ante un clamor de justicia que jamás fue escuchado por inexistente, ni allí, ni en la España de la segunda república, ni en Líbano, ni en Nicaragua, ni en Perú, ni en Brasil, ni en Argentina durante la represión de los setentas de la que me fui enterando mientras crecía. Latinoamérica era un partido de fútbol que yo iba perdiendo. En casa nos entristecía cada golpe de estado, cada derrota de gobiernos progresistas, cada intento fallido de ser naciones auto-determinadas, con una industria que exportara más que materia prima o mano de obra, para importar luego todo ¿De dónde creemos que salieron las deudas sumadas a las que las primeras repúblicas que ya tenían?

A mi, hoy me consuelan las victoria de Venezuela como república Bolivariana, la de Bolivia por legítima y étnica, a la que le asigno el peso de hacer justicia a nombre de todas las etnias de la región, la de Argentina que sube y baja y trata de limpiar su pasado negro ante el sabotaje continuo de corporaciones y estados imperialistas con el mismo manual chileno de los setentas aún ahora, y la de Uruguay que evoluciona. Todas ellas sumadas a un Brasil moderno que ha transitado desarrollándose por décadas para ser el gigante que es y recordarnos que era posible a los demás de la región. Todo ello da un balance necesario a la locura de saberse latinoamericano, en medio de un imperialismo rapaz pero con ropas modernas y cantos de libertad. Son estas victorias las que para mi son ratos de paz; Justicia nacida de las cenizas como el fénix, pero justicia aún.

Así crecí con la protesta y con la eterna pregunta del por qué, en mi manera de pensar. Viendo injusticias y esperando victorias de los olvidados, muchas de las que nunca llegaron o si lo hicieron las aplastaron. El golpe de estado de Chile me siguió cuando viví en Perú a finales de los setenta, con otro golpe más, aún cuando las causas fueran diferentes. Mi música es el folclor de nuestro pueblo, la de los canta-autores ejecutados por las dictaduras, la que se escucha a pesar de que a Víctor Jara le machacaron las manos con las culatas de las pistolas con las que lo mataron de 44 tiros y luego dejaron sin manos en un intento estéril de silenciar la libertad, la de los bombos y guitarras a coro de voces varoniles y graves generalmente de pronunciación argentina o uruguaya  recordando ideales, la del vuelo del Cóndor en los picos de la sierra andina sobre las nubes y no de la triste y rastrera “operación Cóndor”. De las peñas  donde esta música se ejecutaba y que ya nadie conoce, de los huasos, del cobre – de Chuquicamata o de cualquier grupo de mineros de Bolivia, de México y el mundo -, de la flor del copihüe, de las empanadas de horno, del sur lluvioso y de pueblos pequeños, de sus lagos copados de volcanes nevados, de las frutillas y de las bayas en el patio de la casa de una tía.

He usado la ira y el resentimiento de todas las derrotas de algo que se llamó izquierda pero que peleó siempre con sus dos manos, para sobrevivir mi mundo de recesión y crisis y el completo desgaste de mis décadas maduras y las de mis amigos. Fue mi combustible nuclear pero tuvo consecuencias.

Por algún tiempo incluso admiré la opción armada porque no quedaba otra. Puse en alto grupos como las Brigadas Rojas en el secuestro de Aldo Moro en Italia, el Baader Meinhof en Alemania, el MIR en Chile que ahora tiene cara pública y sitio Web en Chile, las FAR argentinas y su relación el ELN boliviano y más. Como todo combustible, se consume y una parte de mi se consumió con ello. A la larga la ira, con mucha ayuda y hasta hace muy poco, también se consumió. Se agotó.

Sentado como estaba en ese tronco en la arena, vi cómo me tomó tantos años lograr ya no cargar las derrotas como mías, y en cambio usar la fuerza esperanzadora de las Revoluciones, los ideales, los sueños, la justicia y hacer algo por otros con menos posibilidades que las mías. Esto es lo que ha terminado por definirme, y es esto de lo que aprendo aquí y ahora.

El cíclope de apetito Global

“Estamos frente a un conflicto frontal sobre las grandes corporaciones trasnacionales y los estados. Estos aparecen interferidos en sus decisiones fundamentales, políticas, económicas, y militares, por organizaciones globales que no dependen de ningún estado y que en la suma de sus actividades no responden ni están fiscalizadas por ningún parlamento, por ninguna institución representativa del interés colectivo. En una palabra, es toda la estructura política del mundo la que está siendo socavada.”  

Salvador Allende

“Globalización y universalidad no van de la mano, son más bien excluyentes. La globalización se da en las técnicas, en el mercado, en el turismo, en la información. La universalidad es la de los valores, los derechos del hombre, las libertades, la cultura, la democracia.”.

Jean Baudrillard

“Una de las mayores respuestas a la globalización consiste en construir y reconstruir la sociedad del saber y de la cultura.”

Ulrich Beck.

Conforme fueron cayendo los muros para el regocijo de los principales actores del capitalismo en los ochenta, vi cómo se terminaban de derrumbar mis demás iconos. Para la década de los noventa no existía la Unión Soviética de la que de niño estaba orgulloso y por la que hubiera querido ser niño pionero o miembro de alguna misión tripulada de Sputnik y seguir escuchando los coros y las bandas militares soviéticas cantar esas canciones heroicas de los discos de vinilo de mi padre, que escuchaba cuando un adulto encendía el finísimo aparato de sonido Grundig en la sala. Recuerdo igual de bien el sonido majestuoso que el compás del silencio puro entre sonidos que permitía recogerse y digerir la emoción del canto.

La URSS había estado en mi casa. Crecí conectado a sus noticias a sus logros y viendo a mi madre y a mi padre estudiar y hablar ruso perfectamente. Así las cosas no era tan ajeno para mi ver la caída de la URSS con tristeza de nuevo, y sus consecuencias a la región y al mundo, primero dejando a los países benefactores de la Unión Soviética – el otro eje de comercio -, como Cuba misma, resentidos, quitados de su mano, la que le compraba sus productos. Vi entonces cómo la Casa blanca intensificaba sus bloqueos y de nuevo vi cómo los cubanos, esta vez viejos y jóvenes del partido, respondían con el valor y el orgullo nacional que yo esperaba.

En años recientes me quedó clara la descarada alineación con el gobierno de Estados Unidos de la entonces oficial España neo-franquista que se prestó incluso a ser martillo de aquellos gringos y varias veces atacó de palabra a la Isla en el interés de otros negocios más grandes como la misma guerra por los recursos que al tiempo el gobierno de Bush hijo en Estados Unidos había inducido con mentiras en Oriente Próximo. Esa España siguió enviando tropas, y en nuestra región se prestó también a discusiones dignas de la revista Hola! por frívolas, con la República Bolivariana en la administración del entonces aún vivo, presidente Chávez.

Desde finales de los noventa a la fecha, entendí que ya no importaban más, aún cuando había que comprender las ideologías, la izquierda y la derecha. La   discusión era académica porque la acción ya no pasaba por allí. En lugar de esta larga discusión y de los sistemas y pueblos que de ellas dependían entonces en el mundo, apareció incendiaria la fiebre de la famosa globalización, la última pérdida de identidad de los pueblos, la asignación velada del Poder supremo y único del Capital y la Tecnología por encima de la población del mundo y su autonomía verdadera. Venía disfrazada de una mejor economía, donde la voz y la imagen televisiva de sus invisibles creadores de contenido terminaba por conseguir su condición de Dios de muchos y dictaban a todos los vientos qué hacer con el tiempo, el libre y todo él, qué consumir y qué considerar como valores. Ya no hay vuelta para atrás. Las respuestas y las certezas en ellas que teníamos, si alguna vez parecieron así, ya no servían.

Con el influjo de dinero a cambio de contratos por recursos naturales o por cuotas de mercados controlados, vi como muchos, cómo las nuevas repúblicas que emergían de la fragmentación de la URSS crearon millonarios de la noche a la mañana, amplificaron mafias y volvieron a todos felices consumidores. Los de a pie “le entraron” con dinero prestado, por supuesto.

“Las cosas ya no eran como antes”. Las cosas nunca serán como antes, por suerte, pero es una desgracia cuando el que narra ve que no están siendo mejores tampoco. De las Revoluciones queda el sueño, la intención, la valentía. Los jóvenes tienen  ahora la ventaja de no cargar los pesados dogmas que yo cargué, nada raros para hijos de exiliados creciendo en medio de estados en formación. Los jóvenes de hoy no tienen que cargar derrotas importadas, ni resentimiento por una idea de justicia que no llegó ni llegará. Se los han cambiado por el perverso dogma de mercado. Por comprar para ser aceptados, por hacer lo que de ellos espera el mercado, tal como la Biblia describe lo que la Fe es para los católicos, donde el objetivo es tener “éxito” individual y, aún así, ser nombrados “personas de bien”. Ah! ese “bien” que rompe con la connotación que tenía de bien común y lo cambia por el nuevo “bien” que es el “bueno para el mercado”.

Está en ellos y por suerte lo veo en los jóvenes que vienen las playas de Tulum, librarse de ser estos consumidores consumidos, tanto como los superhéroes al estilo descrito por Humberto Eco, expresados ahora en famosos pop o rock stars de producción global con o sin colección de lentes oscuros, o estrellas del cine mainstream comercial – una película nueva o una infame secuela simplemente numerada de algo bien taquillero que por supuesto “hay que ir a ver” -. Estamos aún viviendo un modelo de consumo y vida aspiracional que desgraciadamente sí sobrevivió los tiempos desde la gran depresión y antes, cuando en 1920 Hollywood acuñó el “éxito” como una cualidad exclusiva de una figura pública con mucho poder adquisitivo y estilo único. La desgracia es que los jóvenes de este pueblo y de tantos más, aquellos cuyas familias muchas veces disfuncionales y desintegradas vienen a Tulum en condiciones castigadas y en busca de empleo en los hoteles o supermercados de cadena, no tienen ni forma ni conciencia para salirse de ese sistema, para optar por no ser parte. De su sudor y del de muchas madres solteras es que se nutre el modelo. Son ellos de los que se sirve. De su consumo incondicional.

Ver caer todo menos mis ideales fue duro. Hoy opto por no hurgar más en los modelos. He soltado a la politiquería – no la política – como tema de conversación o de esperanza, ya ni siquiera veo, como muchos hoy, que la política como se maneja en todos lados sirva como vía diferente que la mafia o que los negocios, para acceder al Poder en un país y no para cambiarlo. Es para evitar cambiarlo o cambiarlo a modo de las escuelas de diseño global, que mas bien sirve la política ¡Nada más ver el ámbito de Cultura en nuestro México o el de programas de alimentación y obesidad infantil del gobierno, auspiciados por la industria del refresco! No se hable de a quién le compramos nuestra agua para beber, más encima embotellada, ni del maquiavélico abandono de nuestra industria petrolera y petroquímica, que ahora ya de plano ahora queremos entregar lo que queda.

Me di cuenta finalmente de que lo único que quedó tras la supervivencia de un mundo que se hizo cíclope tras la caída de la URSS, con una global-mente controlada a distancia, son las batallas por el capital y los recursos naturales, razón de ser de los pocos que detentan el control del mundo verdaderamente.

Edición digital sobre obra de mural en La Habana.  Juan Ayza
Edición digital sobre obra de mural en La Habana.
Juan Ayza

Ramiro el argentino

“Si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros.“

Ernesto Che Guevara

Ramiro salió del mar donde se refrescaba frente a mí y se acercó. Me encontró sentado en el tronco con la mirada fija en la Isla del otro lado del Caribe que nos separaba.

Nos habíamos tomado un café en casa de Ramiro esa mañana. Conversamos de nuestra situación económica, eufemismo que para nosotros quería decir la ruina, por suerte sólo desde el punto de vista del dinero. Hablamos de cómo la gente no pagaba a tiempo ni en monto los escritos de uno o las artesanías del otro. Del Poder tomando al mundo por asalto a costa de la gente de a pie y de los valores imperantes. Antes de terminarse la taza de café, Ramiro había hecho comentarios de los audio-libros de Así habló Zaratustra y el Tao de los que escuchó fragmentos esa mañana mientras trabajaba en la mesita de taller sus artesanías. Ya había hecho Taichí en la azotea, como todos los amaneceres hace para atender sus rodillas y lograr un día lleno de energía, con o sin las láminas de jengibre seco al sol que carga consigo siempre.

De camino a la playa en nuestras bicicletas, Rami me contó sus dificultades de pareja; él y ella viajaban juntos desde hace años por el mundo. No quise ni podía sonar a consejo en nada; yo había perdido a mi pareja meses antes junto con el barco en el que encallé, pero sí compartí que las decisiones de estar juntos o no son siempre de dos.

Las preocupaciones de Rami habían quedado atrás justo cuando entramos al camping. En ese lugar había una docena de chicos y chicas sencillos, alegres, directos, creativos, lectores, acróbatas, maromeros y conversadores, que  tranquilos compartían lo que tenían para armar por suma un desayuno, una comida o una fiesta como la que habían tenido la noche anterior. En medio de estas actividades, disfrutaban de la playa. Pasamos por un campo de colores sembrado de pequeñas tiendas de campaña con siluetas leyendo adentro, cada una un hogar portátil que por algunas semanas o meses sería tan bueno como la idea antigua de un hogar fijo. Estos chicos vivían por encima del sistema y de la globalización. Acampaban sobre todo ello sin que les pudiera ya afectar más. Su terruño iba con ellos sí, pero apreciaban por igual y agradecían aquella que les diera cabida en el mundo para montar la tienda de campaña. La “Madre Tierra” era la misma.

En esta tierra Maya, cada pequeña pirámide-tienda por hogar, tenía el calor, el sabor y el aroma de todos los países, que se fundía en el ritual de la mezcla en la palapa y cocina común donde se guisaba la más deliciosa de las pláticas alrededor de una mesa abierta y sin tiempos. Aquello era justo lo que un viejo joven como yo, apreciaba de estos jóvenes viejos. Aquí se salvaba la tertulia, el intercambio, las ideas y la conversación que en tantas mesas de ciudad ya casi ninguna persona tiene.

El camping era a la vez la oportunidad al fin materializada de Rami. Aquello que pedimos todos. Mostrarnos de lo que somos capaces y saber que puedes tocar a otros con ello para mejorar. Cuando Rami entraba en el cobertizo de herramientas y partes recicladas en una suerte de laboratorio, su espíritu se encendía completo y se conectaba a la fuente del todo. Nada más existía que el flujo de su creación centrada en ayudar a reducir el problema de los desechos, del desarrollo que arrolla y tala todo. Aquí entregaba con sus manos y esfuerzo aquello en lo que él creía. Aquí podía enseñar a los demás lo que sabía y ver a  los más jóvenes usarlo también como medio de sustento.

Aquí estaba la Justicia para Rami, argentino franco, delgado, de tez blanca, barba y pelo negros, rodillas complicadas y una cara de niño de ojos brillantes de mirar tanto en pocos años. La misma luz que alimentaba el incansable soñador sin límite, luchador de un mundo mejor, que llevaba clavado adentro.

A Rami y a mi nos unían nuestros ideales. Me gusta pensar mejor que nos une la locura y no me gusta reconocer la inevitable verdad de que también nos une la soledad en la que nos hemos mantenido por tantos años de camino diferente, sinuoso, arriesgado con intención pero sin tanto medir consecuencias, valiente pero a ratos desesperadamente estéril. La soledad era nuestra condena y también la compartíamos. Y la condena había sido impuesta por nuestros propios jueces, implacables. Si no la rompemos seguiremos creando maravillas y soñando mejores mundos como nadie, ni siquiera nosotros, veríamos concretarse nunca. Algo así como vivir de Santos sin ser ordenados por nada ni nadie. Una suerte de necedad con estupidez.

A Rami todos le quieren. Saludó de corazón a todos a su paso. Al hacker playero que desde que entramos hasta que salimos del camp horas después nunca se movió de su pantalla ni cambio la mirada pícara y la expectativa sobre su monitor. A los chicos desayunando en la cocina y a la chica que salió del baño con shampoo en la cabeza y una sonrisa amable, poco más allá.

Ya desde la entrada Rami, orgulloso, me mostró el jardín seco que hizo con arena y cactáceas al lado del estacionamiento, el almácigo elevado y protegido con tul  blanco cerca de las palmeras a la izquierda por la entrada que era objeto de admiración de una turista que visitaba con otros recién llegados el camping. A un costado abajo las camas de cultivo en neumáticos reciclados, todas con semillas germinadas, brotes, plántulas y plantas ejemplo de la fuerza que tiene la vida misma y que explica la futilidad de aferrarse a la vida, cuando ésta se aferra a uno como nada.

Del cobertizo de este artesano inventor, hacia la cocina, una pared de repisas y contenedores de desechos clasificados para reciclar era digna de su orgullo. Estaba decorada por muchos carteles de diverso tamaño y forma, pintados de colores con la alegría de los jóvenes colaboradores de Rami, los mismos que acampaban, reciclaban sus desechos y desayunaban en la cocina ese día. Los letreros indicaban qué depositar, dónde. De allí saldría el material para hacer arte-objeto y joyería – otras de las pasiones compañeras de viaje y sustento de Rami – , accesorios para negocios desde llaveros hasta lo impensable, portarretratos para hoteles, lámparas, títeres para niños, no había límite de lo que podría ser el taller para estos chicos del camping.

"Rami" y parte de la familia del Camping Chávez Foto (desconocido).
“Rami” y parte de la familia del Camping Chávez
Foto (desconocido).

Había conocido a Rami a bordo de una camioneta “estaquitas” Nissan que nos llevó a inicio de mayo junto con otras 250 almas en caravana, para limpiar las playas vírgenes de la Reserva de la Biósfera de Sian Ka’an de toneladas de basura en su mayoría traída por el mar a la costa.

"Estaquitas" camino a la limpieza de playas. Mayo 2013. Foto: (desconocido)
“Estaquitas” camino a la limpieza de playas. Mayo 2013.
Foto: (desconocido)

Desde entonces vi como Rami recogía selectivo y con el gusto de quien encuentra un tesoro y no desechos o “basura”, prolijo, dedicado y adivinando el re-uso posible de los plásticos, metales, cuero y demás que encontraba y que su creatividad allí mismo resolvía en objeto posible.

"Rami" recolectando desechos en la limpieza de playa de Sian Ka'an, Mayo 2013. Foto: (desconocido)
“Rami” recolectando desechos en la limpieza de playa de Sian Ka’an, Mayo 2013.
Foto: (desconocido)

Iba a otra velocidad interna que todos los demás que sólo recogíamos y clasificábamos esos desechos que atoraban tortugas e ingerían los peces a través del plástico oxidado por el sol hasta revolverse con el plancton.

Limpieza de playas Sian Ka'an, Mayo 2013. Foto: (desconocido).
Limpieza de playas Sian Ka’an, Mayo 2013.
Foto: (desconocido).

Muchos mates y puestas de sol después desde su azotea, Rami y yo pasábamos un rato de playa juntos, solitarios como éramos pero acompañados como estábamos, viendo a los demás chicos y chicas disfrutar como nosotros  agradecidos, los rayos amables de un sol acostado.

Rami se sentó en el tronco a mi lado a recuperar el aliento.

Diego Rivera, Rockefeller y “El hombre en la encrucijada”

¿Tu has visto ese mural de Diego Rivera? me pregunta Ramiro. El que pintó en el Rockefeller Center en Nueva York hace muchos años. Me cogió aún en el trance sobre mis valores y Cuba, sonreí y traté de mirar en mi memoria el mural, pero salvo por toda la cacofonía que regreso de las letras “m” en la oración, no lo recordé. No, le dije. Ah! un cuadro fundamental Juan, tenés que verlo y cuando lo hagás lo comentamos juntos si querés. “Si querés” Caramba pensé con la impaciencia de siempre, que en mi se llama entusiasmo ¡Ahora mismo podemos hacerlo! ¡No nos vamos a ir a ningún otro lado ahora! Pero no lo dije. Rami tenía siempre sus tiempos, en parte porque había aprendido ya a apreciar más las cosas que yo, a darles cabida propia. Entonces, como si me hubiera adivinado, empezó a contarme la anécdota: Hace algunos años estaba viendo el mural que pintó Diego en 1934 en el palacio de Bellas Artes de la ciudad de México, cuando se me acercó un tipo experto en el tema y con voz grave me dijo que me conversaría más sobre el mural si es que primero le respondía la nacionalidad del personaje que aparece al centro. No tengo idea por qué pero le solté que era alemán. El hombre asintió emocionado y se quedó el resto de la tarde conversándome del mural. Aprendí mucho, dijo Rami.

Para mi curiosidad esta pintura hablaba justamente acerca del Poder y las corrientes de pensamiento de la época, vistas magistralmente por Diego Rivera. Justo de lo que habíamos conversado por la mañana.

Metidos en el tema Ramiro dibujó las secciones del mural con su dedo sobre la fina arena blanca y me llevó por todo el mural en unos minutos, mientras sus palabras describían lo que había en cada sección. Era un apasionado del tema, noté mientras lo miraba con atención y comprendía que el motivo de la obra, ochenta años después, era igual de vigente y aún más cuando la guerra por el Poder se había intensificado y estaba llegando a una frecuencia y nivel de tensión casi cotidiana, que se sentía como que algo inminente y grande estaba por pasar, quizá un cambio, algo no necesariamente malo.

Lo que por lo pronto había cambiado desde entonces era que ya no importaba si el comunismo o el capitalismo, eran uno mejor alternativa que otro – el discurso de la guerra fría que no condujo a nada pues al final sólo quedó el capitalismo lacerante y salvaje en el que vivimos-. Lo que importaba ahora eran sólo el capital y los recursos naturales, incluidas las semillas aún no modificadas genéticamente, el agua potable y el petróleo y sus derivados. El capital se sirve de la tecnología, que además hace restringida cuando le es vital, y con ella también consume de una forma u otra los recursos naturales con tanta destrucción para lograrlo, como contaminación por sus desechos.

Tras la gran recesión del ’29 y el inicio de la gestión de Roosevelt, los Rockefeller habían apostado a la tecnología, en particular las comunicaciones y no les había ido mal. La comisión de la obra a Diego Rivera, en la persona de Abby Aldrich Rockefeller que conocía la obra de Diego Rivera por el museo de Arte Moderno, era para el lobby del Edificio RCA del Rockefeller Center en Nueva York y debía de mostrar al hombre en la encrucijada de continuar con la debacle y la crisis o lograr un futuro con la ayuda de la tecnología.

Para Diego, el futuro posible requería que la tecnología no estuviera en manos de los capitalistas, sino del pueblo.Ya desde que se inició el mural “Man at the Crossroads” en 1933, por diferencias en torno a la aparición de la figura de Lenin, el mural terminó siendo destruido con “cincel y martillo”. Fue en 1934 que Diego Rivera pudo pintarlo en los muros del Palacio de Bellas Artes.

El Hombre Controlador del Universo Diego Rivera 1934  Fresco sobre bastidor metálico transportable.4.80 x 11.45 m Palacio de Bellas Artes, México.
El Hombre Controlador del Universo
Diego Rivera 1934
Fresco sobre bastidor metálico transportable.4.80 x 11.45 m
Palacio de Bellas Artes, México.

Lo cierto es que la tecnología quedó en manos del capital y ambos en manos del Poder. La gran máquina  que aparece al centro del mural sigue imparable y en las mismas manos del capital de siempre. Pareciera hoy que le capital es la mano misma que desde la tierra sostiene la esfera de control que regula todo, incluyendo la recombinación de los átomos y la división de una célula. La esfera en cuestión es un watthorímetro porque la electrificación rural de Estados Unidos acontecía en esos tiempos. Las manos del obrero calificado que se ven en las palancas detrás, están restringidas a la ejecución dictada por los dueños de la misma, nada más. Y el Poder sigue jugando a las cartas con el mundo, mientras los ejércitos pelean sus guerras y el pueblo vive, o muere, sus consecuencias. Las clases sociales del lado izquierdo (pero de corriente conservadora) viven alrededor de los que les dicta el sistema de Poder, aprenden, se preparan para perpetuarlo mejorado, se sirven del sistema, lo aplauden, le rinden pleitesías y reciben sus premios del mismo, mientras millones de desempleados son reprimidos a palos por la policía y hay guerras, y en algún club nocturno los oligarcas se divierten (Nelson Rockefeller aparece allí). Las escenas gloriosas, constructivistas del lado derecho en las que se ven ejércitos marchando en un primero de mayo, bailarinas, estadios y a Lenin dando la mano a blancos y negros como aliados, quedaron atrás.

¡Juan! ¿Ves la relevancia del mural de Diego Rivera? Esto está pasando ahora y pasaba antes. Todos debemos verlo. Ni en el apellido del Poder ni en los intereses y clases que le sirven, las cosas han cambiado desde entonces. Tampoco parecen haberlo hecho en el pensamiento de la humanidad, allí representada como un bebé gateando de la mano del simio, junto de un extrañado Darwin, ni en el uso que se le da a la ciencia financiada por los mismos mecenas que solicitan cuadros como este, ni en los relegados a espectadores que miran más grandes a los del poder por un efecto lupa que hoy bien podría llamarse televisión. No ha cambiado tampoco en la caja de Pandora de las enfermedades recientes.

"Man at the Crossroads" Diego Rivera, Mural painting (unfinished), 1933.  Rockefeller Center, RCA Lobby. Original photo by   Lousienne Bloch.
“Man at the Crossroads” Diego Rivera, Mural painting (unfinished), 1933.
Rockefeller Center, RCA Lobby.
Original photo by Lousienne Bloch.

El Poder sigue imparable chupando la sangre de la tierra, guardando las semillas que le servirán sólo a sus elegidos, alterando el código y la mezcla de lo que los demás comemos y  del agua tomamos, fracturando la tierra más hondo a costa del agua para sacar en poco tiempo petróleo que tardó cuatro mil   años en lograrse y acabarlo, apoderándose con engaños de lesa humanidad del petróleo de otros y diseñando los comportamientos, el aspecto, y lo que hacen o no – lo aceptado – , en aquellos que viven en la matriz de la que se sirve el Poder mismo.  Cuando nos damos cuenta ya para muchos no hay vuelta atrás, no hay opciones, no habrá semillas, no podrás beber agua sin comprarla, no podrás comer maíz, frijoles o arroz sin consecuencias, no podrás captar agua de lluvia sin pagarla, ni usar el sol gratis si te descuidas. No sabrás que peces comer que no sean tilapias o salmones modificados si todavía vas al supermercado. Allí está tu libertad de mercado. Es peor que eso, están diseñando nuestra dieta de maneras alarmantes.

Pero el Poder, por su ontología, está en guerra permanente. Luchan con otros que lo detentan y que les gustaría hacerse de todo el Poder para ellos, pro no lo tienen. La guerra es entre ellos. No es con nosotros los de a pie que lo vemos pasar, los espectadores del mural. Con nosotros la guerra la consideran  ganada. La estrategia ha sido de largo aliento, de baja intensidad, de desgaste ¿desde cuándo? ¿la guerra fría para acá?, de condicionamiento, de sustitución de valores, de la voz que dicta desde la caja que ahora es plana del televisor, irónicamente representando que hemos perdido una dimensión en el planeta quedando en su lugar la trinidad completa con la tele pero de vuelta a un mundo condenado a ser plano, sembrando el dogma de mercado de los que están en el Poder dictando. Nada muy alejado vivimos del estado al que “V” pretende destruir en la película por venganza y en su evolución como careta del movimiento Anonymous. Ha sido de largo aliento el hacerse de y diseñar el agua que bebemos, los aditivos en los alimentos, las toxinas y los derivados químicos que ingerimos, las fuentes de proteína industrializada, la grasa, el flúor, los metales pesados, el manejo del color en nuestra percepción alterada de lo que está bueno o no para comer, todas dañinas a la salud, al planeta, pero autorizadas por el Poder.

En el mural no parece haber nadie contento, de hecho el obrero al centro y muchos personajes más tienen rostros preocupados, sino cuando menos estoicos. No ha sido para menos. Ya desde entonces Diego Rivera advertía en estos ceños quizá los peligros inherentes a la tecnología.

En la réplica abstracta de Rami del mural en la arena, no hay caras.

“La historia me absolverá”

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.”

Bertolt Brecht

Cuba, colonia española desde 1510, intenta tres veces su independencia, sin lograr el sueño del sector popular de su pueblo, irónicamente en la tercera justa  bajo Martí y el general Máximo Gómez, se avanza pero terminan quedando dentro de una trama geopolítica, atrapados como neo-república o república tutelada de los Estados Unidos al final del siglo XIX, bajo la enmienda Platt y hasta 1925 que inicia el contrapeso de una ideología comunista, y con el apetito  del azúcar ya gestado por las importaciones de Estados Unidos y su control de de la producción misma con capital y maquinaria. Aún en la década del los ’50, tras varios gobiernos breves e inestables de la República, el General Fulgencio Batista accede de nuevo a la presidencia con un traidor golpe de estado en 1952  [1]  bajo el apoyo y consentimiento de Estados Unidos y teniendo Cuba sus frágiles estructuras revolucionarias acéfalas por años o bien siendo eliminados los líderes comunistas de los sindicatos por la mafia al servicio de los gringos y su guerra fría. La relación y el empleo de la mafia para trabajos sucios nunca se separó después de la gestión pública gringa incluso para trabajos internos como el asesinato de John F. Kennedy y de allí para adelante desde Florida.

La esclavitud abolida por España en 1896 cede años después a los defectos del capitalismo imperante [2] y se da una descomposición social con corrupción y favoritismo en los puestos públicos y los intereses privados que polariza a la población cubana, entre los burgueses y conservadores que ven su mejora y el pueblo que no ve salud, alimentos ni educación ni menos distribución de riqueza ni posibilidad de mejoría alguna y de nuevo es explotado en una suerte de neo-esclavitud, incluida la discriminación de la mujer.

Fidel Castro participa con otros jóvenes universitarios al frente de una insurrección popular en los asaltos frustrados al cuartel Moncada y Céspedes en Bayamó del 26 de julio de 1953, es capturado, juzgado y condenado. Su auto-defensa produce la célebre oración “La historia me absolverá” que se convertiría en el legítimo derecho del pueblo a la revolución. En 1954 Castro forma el Movimiento Revolucionario 26 de Julio con sus compañeros en la universidad y el Directorio Revolucionario, y sin nada más que hacer por la vía legal se marcha a México donde organiza desde el exilio y los núcleos de emigrados como con Martí en 1895 pero desde nuevas bases en México, la expedición libertadora con la que desembarca en el Granma en las Coloradas, provincia de Oriente. De allí a la Sierra Maestra desde donde se reorganiza en el ’57 y forman las columnas que llevarían la revolución Cubana a la victoria en el ’59 en la persona de miles de combatientes entre los que estaban muchos otros hombres, incluidos los barbudos, y mujeres valientes, que trajeron finalmente el clamor popular de justicia y dignidad a la Isla.

La batalla de la Revolución Cubana en realidad recién empezaba. Estados Unidos reclama formalmente cuando Fidel en mayo del ’59 anuncia la Ley de Reforma Agraria y deshace poco más de cuatrocientas hectáreas de latifundios soporte del dominio neocolonial. Estados Unidos intenta la sedición de una parte del ejército en Camagüey, bajo el mano del Comandante Hubert Matos apoyado por latifundistas. Estados Unidos desacredita a Cuba internacionalmente, cancela la cuota azucarera en julio de 1960, con lo que Fidel termina de expropiar todas las empresas y propiedades norteamericanas de la Isla y luego las empresa de la burguesía que seguían el juego del dinero norteamericano.

Los gringos recurren entonces a la mafia ya infiltrada desde Batista para organizar con la CIA primero casi 300 bandas armadas contra-revolucionarias que las milicias combatieron entre 1959 y 1965,  y también al bochornoso intento de invasión de Playa Girón por una banda mercenaria aplastado en 72 horas por los cubanos, a partir de la ruptura de relaciones de Estados Unidos con Cuba anunciada por medio del gobierno de Eisenhower de nuevo en el mes de enero, de 1961. Las acciones escalaron hasta que se instalaron cohetes soviéticos en la Isla en 1962 con lo cual se negoció una salida a la crisis, que no cesó nunca el rencor imperialista por ver caer la libertad de la Isla y de su Revolución. Por esas fechas Estados Unidos promueve la separación de Cuba de la OEA y el bloqueo económico que conocemos y que se acrecentó para descrédito internacional de la política exterior de Estados Unidos con la Ley Helms-Burton en 1995.

Aún así la Revolución lanza con éxito la campaña de alfabetización de su pueblo en 1961, programas de salud rural y la cobertura educativa como meta.

Los ideales de la Revolución estaban en marcha en beneficio de su pueblo.

La misión de Maximino

“Seguiremos adelante
Como junto a ti seguimos
Y con Fidel te decimos:
Hasta siempre comandante”

Canción “Hasta Siempre Comandante” de Carlos Puebla 1965.

En 1950 Maximino tenía dieciocho años y había acompañado hasta la ciudad de Placetas a su padre, un tabacalero que con esfuerzo había logrado una posición acomodada para su familia. Iban para presenciar el discurso electoral de Batista, entonces aspirante a senador.  A medio discurso alguien grita a Batista “Mentiroso, tú eres un mentiroso”. El público se conmociona y descubre que  aquel que grita es el respetable Don Maximino. Lo hacía porque Batista había traicionado ya a la revolución del ’30. Faltaba conocer un par de años más tarde aún, la traición que este esbirro haría con el golpe de estado del ’52.

Padre e hijo salen a la calle y se sientan en una banca donde Don Maximino le pide, a su hijo del mismo nombre, que combata a ese hombre con todo lo que tenga de vida. Así comienza la misión de Maximino.

Maximino hijo se describe revolucionario desde que nació. En la fábrica de tabacos intimó con todos igual que de niño con los amigos de todas las clases y colores. Aprendió viendo los mítines de comunistas destacados suceder en la fábrica que su padre les prestaba. Maximino comienza su lucha desde las bases estudiantiles desde la FEU de la Universidad de la Habana donde ingresó a la facultad de Derecho en el ’54. En el ’55 comienza a vender bonos del movimiento 26 de Julio usando las tiendas de tabacos Maximino de su padre, para apoyar la causa. Ese año participa en las protestas por la simulación de Batista al celebrar al prócer Martí el 28 de enero en el parque central de La Habana, y que empieza también a informar de los movimientos de Inteligencia Militar de los que se enteraba por los lugares que frecuentaban en común. Estuvo en las protestas de diciembre de ese año, ese mismo mes organizó la huelga azucarera en Placetas a y comenzó a trasegar armas. Vio caer a sus amigos en el asalto al Palacio Presidencial y a la Radio Reloj el 13 de marzo del ’56 y fue entonces cuando el fervor revolucionario le cogió con más fuerza. Volvió a Placetas y se puso a operar suministros a la gente del Escambray, hasta que en noviembre del ’56 toma de nuevo su Colt .38 y se alza, participando bajo las órdenes del capitán Jorge Álvarez. Por sus estudios le hacen responsable del campamento Ramón Pando Ferrer en un territorio que ya había sido liberado por el Che Guevara, a quien conoce en Güinía tras la ofensiva de Fomento y Báez a finales del ’58. Ya su padre había conocido al Che poco antes, para llevarle los puros Maximino que le encantaban.

Fue en Fomento que estuvo bajo las órdenes del Che y tuvo la oportunidad de conversar mucho con él. Para Maximino el Che era un hombre impresionante, muy inteligente, un tremendo estratega que tenía una mirada impactante. Su osadía sin límites, el que jamás evitaba el combate, le llamaban la atención. El Che se había ganado con él y todos el mando superior de la columna que se formó tras el Pacto de Pedrero.

Carta manuscrita del Ché a Cubelas. 28 de diciembre de 1958. Foto de Álvaro Santos Perancetta, tomada de una copia del original.
Carta manuscrita del Ché a Cubelas. 28 de diciembre de 1958.
Foto de Álvaro Santos Perancetta, tomada de una copia del original.

Maximino participa con esa columna libertaria en el ataque a Remedios con el Che y luego en la batalla de Santa Clara, que fue difícil por los francotiradores, pero se logró.

El Ché y Maximino González en la Sierra Maestra. 1958-9? Foto de Álvaro Santos Perancetta, tomada de un original impreso.
El Ché y Maximino González en la Sierra Maestra. 1958-9?
Foto de Álvaro Santos Perancetta, tomada de un original impreso.

Cuando sobrevino el triunfo del la Revolución el primero de enero del ’59, Batista huía de Cuba [3], por avión a Santo Domingo. Maximino y otros de su generación regresaron para terminar las carreras universitarias y ser los líderes estudiantiles, junto con Fernando Vecino Alegret y Ricardo Alarcón, de la nueva etapa revolucionaria.

Junta Superior de Gobierno. Universidad de la Habana 1961? Foto de recorte efectuada por Álvaro Santos Perancetta.
Junta Superior de Gobierno. Universidad de la Habana 1961?
Foto de recorte efectuada por Álvaro Santos Perancetta.

La universidad dejó de ser para privilegiados, para ser la Universidad del pueblo y Maximino siguió sirviendo a la causa en una tercera etapa de liderazgo estudiantil que cerraba el ciclo de las tres FEU con una etapa de consolidación del socialismo, con Maximino y José Rebellón a la cabeza de la federación. La Universidad entraba activamente también en la construcción del país.

Maximino González y el Che en la tercera FEU. Universidad de La Habana, Cuba 1962. Foto de recorte por Álvaro Santos Perancetta.
Maximino González y el Che en la tercera FEU. Universidad de La Habana, Cuba 1962.
Foto de recorte por Álvaro Santos Perancetta.

Hoy, Maximino tiene la edad de mi padre, ambos de 1933 y disfruta de conversar en su casa de Guanabo, a la que él llama su casa de guerrillero. No deja pasar una oportunidad para bromear o soltar una carcajada. Un hombre que con todos los logros, prefiere que le recuerden hoy sólo como capitán del Ejército Rebelde y un miembro más de la asociación de combatientes de la Revolución.

Maximino mira el futuro de Cuba con mucha fe y optimismo, y comparte en una entrevista reciente su visión acerca de los jóvenes cubanos de hoy.

“Los jóvenes de ahora son más cultos, más capaces, hay más profundidad, nosotros no éramos tan profundos. Nosotros éramos oradores natos, pero no había esa profundidad en el análisis. La profundidad de la juventud de ahora me hace entender  por qué Fidel dice que la única solución es educación, cultura, conocimiento, y lucha de ideas. No es una quimera, es la realidad. La única forma de liberar al hombre en este mundo es con educación, con cultura y con ideas.”

Hombre leal que reconoce la experiencia de Fidel, agrega en la misma entrevista las claves para ir hacia adelante: “La juventud tiene que mantener ese optimismo de Fidel. Optimismo y fe. Seguir adelante, estudiar y seguir los consejos de Fidel, porque es el único político en el mundo que sabe tocar los puntos claves de la problemática actual. Cuba tiene que seguir hacia adelante con los principios de la sociedad socialista y de la defensa de la patria. Soberanía e independencia, sin soberanía e independencia, no hay nada. Pero yo sé que todo va a estar como tiene que estar, porque tengo fe inquebrantable en los muchachos de hoy, y tengo fe inquebrantable en el futuro. ”

La invasión de las maletas

Álvaro es un brasileño de Paraná, joven, alto de complexión atlética, caja ancha, abundante cabello rizado y una mirada amigable. Una persona tranquila y sencilla.  Actor con varias puestas en escena y una compañía, es también de los constantes viajeros que acampan en el mundo globalizado.  Tiene unas semanas viviendo en la playa de Tulum en el camping Chávez y se enteró por amigos que podía viajar a la Isla sin tener que pagar por el boleto de avión y hasta con algo de dinero para conocer La Habana.

Se trata de la “invasión de las maletas” que existe desde hace años y que opera de forma constante y organizada desde esta región del sureste de Mexico y de otras.

A diario salen decenas de jóvenes con rumbo a la Isla, cada lleva consigo unos treinta y cinco kilos de ropa dentro de una o dos maletas que les son encargadas para al misión. Sólo yo, que llevo pocos meses en Tulum y no tengo tantos amigos jóvenes, conozco al menos otros cuatro casos de los ropa-tours a la Isla.

Tan sólo en su vuelo, Álvaro pudo reconocer sentada en su asiento de ventanilla a Fátima, una chica argentina con la que había coincidido cuando le dieron las maletas.

La pregunta que se hacía Álvaro en Aduanas esa tarde era si los inspectores conocían la clave; si sabrían distinguir su maleta como una de de esas, o no. Contestó las preguntas que cortésmente le hicieron de rigor y sólo le revisaron una de las maletas. El asunto se zanjó con algunas prendas que no mermaban el contenido de manera importante. Álvaro tuvo la frialdad de poder negociar en esas circunstancias. Ya en la calle, la transacción fue rápida.

Al salir del aeropuerto no hay ni que preocuparse porque alguien reconoce las maletas y se las lleva. La clave es el modelo de la maleta o la seña que lleva colgando y seguramente cambian cada cierto tiempo.

Limpios de evidencia Fátima y Álvaro deciden pasear por La Habana para conocer. Álvaro recorre a pie de punta a punta con gran interés en los museos,  monumentos y murales, así como en la gente de la calle, como se ve en sus fotos. Unos días maravillosos, admirando lo cubano, incluyendo claro, los autos viejos al que tuvo oportunidad de subirse, y los imprescindibles coco-taxis y los mojitos de La Bodeguita del Medio.

Pero este joven viajero tiene el carácter afable y sincero para hacer amigos, para enterarse de manera franca de la gente del pueblo, para conversar con ellos, y una noche se le acerca un cubano, Ignacio que le sugiere tomar mojitos en su casa para ahorrar. Álvaro acepta pronto al propuesta. Más tarde se entera que este hombre es además un excelente cocinero.

Al siguiente día Fátima y Álvaro salen a conocer fuera de La Habana y en Guanabo, una ciudad en la zona de las Playas del Este, a menos de treinta kilómetros de La Habana en la desembocadura el río del mismo nombre, con el tiempo algo lluvioso, el hombre les consigue arrendar unos cuartos con baño en una bonita casa. La casa mira al mar, tiene una pileta, un patio amplio y está llena de medallas, diplomas y recuerdos.

Es la casa de Maximino González.

Álvaro, Fátima y Maximino

Tal vez porque apreciaba las visitas o porque disfrutaba de los jóvenes en los que depositaba su fe inquebrantable, lo cierto es que Álvaro veía cómo Maximino se ponía contento conversando con él y con Fátima sobre la Revolución y mostrando con orgullo sus tesoros en cartas, recortes de periódico y fotos de los años del Ejército Rebelde.

Sosteniendo uno de los recortes periódico de la época en su mano derecha a su vista y la de Fátima junto a él, indicaba con el índice de la mano izquierda sobre el título del la nota, “Acuerdan crear un organismo paritario para la Universidad”, mientras lo explicaba. El reloj dorado acentuaba al actor principal de la historia – el tiempo – mientras que su mirada se volcaba a su interior para encontrar los cientos de imágenes vivas a los que la foto del periódico apuntaba y a todas sus historias que ese medio nunca conocería.

Álvaro estaba contento. Se le notaba en la sonrisa franca y relajada, en el interés con que escucha a Maximino. Allí, en esa casa, había paz, la paz que tanto había costado conseguir. Estaba presente con clara transparencia esa querida presencia.

Lo que había traído a Álvaro hasta la casa de Maximino era lo mismo contra lo cual alguna vez el capitán peleó; las invasiones y el capitalismo lacerante. Pero ambos hombres, el joven y el viejo, podían conversar porque habían quedado fuera del juego de los dogmas. Eran verdaderamente libres: Álvaro de Paraná, actor, viajero que quería seguir haciendo exactamente eso, libre por no pertenecer a nada, por no tener que saberse la historia oficial de nada, por no necesitar mucho para vivir y por ser de la tribu de jóvenes que son la esperanza contra una globalización que aplasta las diferencias y obliga a muchos a ser uno más de un montón que viven la esquizofrenia de creer que son diferentes y mejores que el de al lado. Maximino por haber dado una vida a una causa y logrado el objetivo dejarla ir adelante sóla, manteniendo en ella su fe inquebrantable y nada más. Habiendo sido parte del todo, elegía ahora vivir humildemente el glorioso recuerdo. Era un hombre libre por méritos. Dos hombres en humildad, dos camaradas.

“A mi no me vengan con que todos son Santos” le dice animado el capitán Maximino a Álvaro, en un ejercicio de renovar los votos de dejar la historia en paz, en mantenerse libre.

Juntos miran las fotos que Maximino atesora, en la sierra de pie junto al Che que monta un caballo, de regreso en el ’61 en la FEU con el Che y una nota sobre la Universidad y la Industria. Maximino las recorre con la vista, para nunca olvidar una vida entera. Álvaro saca su cámara compacta, digital y toma unas fotos para no olvidar aquel instante nunca.

Maximino González  y "Fátima". Foto de Álvaro Santos Perancetta.
Maximino González y “Fátima”.
Foto de Álvaro Santos Perancetta.

Es noche, la última de la estancia, se tomaron una foto todos juntos. Álvaro notó que el reloj de Ignacio que les acompañaba en la velada, era igual que el del Capitán y se preguntó si era un distintivo que los asociaba en algo más que haber estado todos juntos esos días de lluvia, recuerdos, ideales, relatos y vistas maravillosas.

Yo en cambio me pregunto cuál es el rol de los argentinos en todo esto. El Che fue un argentino ejemplar por su entrega a una causa justa y más allá de fronteras. Un argentino al que Maximino conoció como el mejor cubano. Fátima era la compañera argentina que la invasión de las maletas le otorgó a Álvaro para ese viaje a Cuba que él no olvidará, y ahora, junto a mi sobre el tronco en la playa, Rami era el amigo argentino que me conectaba a todo.

El portal de Chávez

En la playa un grupo de tres conversaba cerca uno de otro, como en si se contaran secretos. El sol de la tarde alumbra sus sonrisas. La de ella, morena de tez dorada por el sol, hermosa, delgada, erguida de abundante pelo rizado, destellaba de un blanco más intenso que el de la arena. Se levantó del grupo desnuda de todo menos la naturalidad con que su cuerpo seguía a su sonrisa para refrescarse en las olas.

El chico de espalda ancha hacia nosotros, se separó del otro y vino hasta donde estábamos para saludar a Rami. Alzó la pierna izquierda para cruzar el tronco donde descansábamos. Su pie aterrizó en el mural de Rami plasmado sobre la arena. Nos quedamos viendo como se aplastaba el desfile del primero de mayo en la plaza Roja, Lenin, Marx, Engels, Trotsky, Wolfe, el pacto entre blanco y negros, la ruptura con lo clásico, todo. Tal y como había pasado en el mundo, como había yo visto derrumbarse mis ideales y como había aparecido el cíclope insaciable que se estaba comiendo el planeta entero.

Pasó de largo y se sirvió del agua preparada de un botellón de plástico y se sentó sobre la arena, dentro de un hoola hoop que yacía allí, a la sombra de la cabaña, mirando hacia el mar y a nosotros de frente. Pensé de inicio que el aro era una declaración de territorialidad que a la vez demostraba lo poco que ese chico necesitaba para estar. Rami se fue a la cocina a preparar algo de comer. Pronto en nuestra conversación advertí su carácter apacible y franco, su disposición a escuchar, su transparencia para contar sobre él. Era él quien necesitaba del aro.

La partida de Rami y la plática que empezaba obligaron a las presentaciones ¿Cómo te llamas? me preguntó ¿Y tu? respondí. Me llamo Álvaro, soy brasileño ¿De que parte? de Paraná. Ah! ya! Chile es mi tierra. Allí crecí. ¿Tu qué haces Álvaro? Viajo. También soy actor. Quiero seguir viajando y actuando. Acabo de estar en Cuba ¿Te gustó? Sí. Caminé mucho. ¿Qué, te fuiste con lo de las maletas? Sí. Un amigo de confianza me contó de la posibilidad y la tomé. Llevaba 35 kilos de ropa. Me revisaron al llegar ¿Revisaste las maletas antes de partir? Podrían haber tenido droga. No. no lo hice. Confiaba en la persona que me recomendó y nunca las abrí ¡Vaya Álvaro! Tienes una confianza asombrosa. Se ríe y agrega. En el avión había una chica argentina con la que decidimos acompañarnos en conocer La Habana y alrededores. Un hombre nos llevó a tomar mojitos a su casa. Buena persona. Luego, con él, estuvimos unos días en casa de un señor importante que nos mostró sus recuerdos de la Revolución, en un lugar que se llama Curabo. Álvaro me hace un ademán de que lo espere y corre a su tienda de campaña para regresar con una tarjeta en su mano. Leo al centro de la tarjeta blanca con simples letras de imprenta en negro: “Maximino González Gutiérrez”.

¡Cuéntame esos días en Cuba Álvaro!

El portal que es Tulum se manifestaba. Raina, una amiga querida me había enseñado hacía poco que en Tulum todo es más delgado. Si hay luz es mucha y puede cegar, si hay oscuridad es completa; en un lugar así hay que mantener los pensamientos positivos. Es fácil que lo que pienses regrese como bumerán, porque la capa que nos separa de otras dimensiones que suceden al mismo tiempo, es casi inexistente.

La mesa comunitaria

Rami resultó el más diestro de todos los que aportaron ingredientes para preparar la comida de ese día. Su media hora en la cocina le había ganado el título de maestro conductor de la cacerola común y fue él quien terminó sirviendo a la mesa. Álvaro y yo nos integramos desde la playa justo en ese momento.

Esas mesas de tablones, pintada de verde y bancas a los lados, son la definición de la palabra comunitario. Había en ella una docena de personas al menos, todos jóvenes, todos activos conversando, con suficientes pausas para escuchar de otros pequeños grupos, para dejar claro que aquello era una familia indivisible y solidaria, por cuanto tiempo les uniera a todos los viajeros estar en el camping. Junto a Rami, conversaba cordial y nutrido, Frank.

Frank tenía familia en Nicaragua. Había estudiado etnología, escribía maravillosamente como después me enteré. Podía distinguir entre el populismo positivo del Sandinismo como movimiento político, del populismo negativo del Orteguismo en particular. En la historia reciente de Nicaragua desde el retiro de los ingleses, las cosas sin embargo nunca habían pasado por el fundamental paso de consultar o de conceder autonomía a los pueblos indígenas de su costa. En el Caribe de Nicaragua hay al menos siete etnias. Tres son indígenas de origen ancestral (Mayangnas ó Sumu, Miskitos y Ramas). Otras tres etnias son inmigrantes, una venida de Europa (Españoles) y dos de las islas del Caribe, con origen en Africa (Garífunas y Creole). La etnia de desarrollo local (Mestizos) es el resultado de una mezcla genética y cultural en los últimos quinientos años.

Ni la dominación inglesa, ni la historia del país como república, con o sin el gobierno de corte socialista, y con o sin la reforma agraria, habían atinado a pensar por y como los nativos de esa región. Los modelos que existían y continúan siendo propuestos ni les sirven ni les favorecen y mientras tanto se han quedado al margen. Lejos de cualquier integración, se extinguen aplastados por el comercio y las condiciones en las que por ejemplo bucean para sacar langosta. Frank estaba por la independencia de esos pueblos como única respuesta posible.

Del otro lado de la mesa, Natasha escuchaba a Frank. Era una chica delgada de cabello largo y oscuro y venía de Irán, tal como Irash, hombre en sus treintas, con una mirada brillante, nariz pronunciada y ojos brillantes, casi sin color. En esa mesa comunitaria estábamos varias nacionalidad latinoamericanas, varias europeas, algunos gringos y, tal como bromeé, estaban también las nacionalidades que recordaban el escanda de los Iran-Contras destapado durante la “administración” Reagan. A Natasha esto no le sonó ni familiar ni chistoso. Simplemente no había escuchado de tal cosa. Frank sí, pero quizá le dio gusto porque independiente de las comparaciones, era claro que el estaba en contra. Su lucha era la de los pueblos nativos.

En la playa poco antes de comer, Irash – que llevaba viajando cinco años por Europa y América Latina-, me compartía dos corrientes de pensamiento de su tierra: una que propone que donde viven hoy es el paraíso y hay que preservarlo otra que acepta que, al igual que en la explosión del Big Bang misma, lo que hay se destruye, como lo ha hecho muchas veces en la historia del universo y del planeta, para convertirse siempre en algo mejor. Que había que aceptar, sin buscarlo, lo que viniera por esto, porque sería mejor y porque la dualidad era parte innegable del todo.

Sebastián, un chileno de Santiago, la capital, con veintiocho años cumplidos pero cara de veintiuno, que venía viajando de Mérida en bicicleta con su novia de regreso a Chile hasta arribar en uno o dos años más por el mismo medio, tenía claro que los extremos no eran ni necesarios ya, ni buenos. Se identificaba como dijo también de sus amigos con la época de Allende y la Unidad Popular y luego el Golpe, porque supieron de esos mártires de la Patria, porque algunos de sus amigos hubieran querido vivir entonces, nada más. Era un respetuoso reconocimiento a un pasado que no cargaban ya. Lo que Sebastián quería era que la herida terminara de sanar en Chile, para transitar al futuro. Para él, ni la izquierda ni la derecha eran opciones, ni siquiera el centro. “Yo la verdad veía más opciones en la candidatura independiente de Marco Enríquez-Ominami [4], porque, por ejemplo, con él se hubiera legalizado el matrimonio gay.

Allí estábamos repartiendo panes, rodeados de chicos más listos que la Globalización del poder y el dinero. Viajeros que acampan encima de la globalización que ha envuelto el planeta común, pero no a ellos. Que dan sentido a su libertad brincando de un lugar a otro, considerándolo todo parte de la misma aldea, necesitando poco más que disfrutarlo, y tejiéndose en una misma colcha cada vez más grande, hecha de miles de tiendas de campaña de todos colores y sabores. Una gran manta para el frío de este mundo convulsionado.

La mesa comunitaria, la de siempre, aquella que sólo puede tener la sinceridad de repartir la abundancia de la cosecha, la mesa donde desaparece la mezquindad del hombre,  donde la conversación es directa y personal, se siente, se declara ella misma, alternativa suprema, invicta y astuta por encima de la complicada virtualización de mundo que la globalización intenta. La mesa comunitaria o el hogar de cualquier tribu como esta funciona porque está en nuestros genes, ha existido siempre. La globalización, en cambio, pierde peso como amenaza pues no ha existido siempre, tiene traspiés seguido, la controlan pocos y tienes que pagar y seguir sus reglas de mercado para estar en ella. Los que despiertan o los que crecieron en ella pueden dejarla de inmediato, para regresar a lo que traemos dentro y que está hecho de reconocer, respetar, compartir y ver por otros que a su vez ven por ti.

Sentado a la mesa me di cuenta que en ese mismo lugar, y en todos los que así se repetían en el mundo en ese instante, estaba el futuro. ¿Qué podría una persona como yo agregar que no fuera la frase de Maximino, acerca de tener una fe inquebrantable en el futuro mismo, y en los jóvenes? Cualquier otra posibilidad era injusta con la abundancia de propuestas, ideas y valor que había sentada a la mesa. Cualquier otro pensamiento sería estéril si no se fija que es inexorablemente con ellos, los jóvenes que la nave va.

Al terminar la velada, Rami me encaminaba a la entrada cuando entre las despedidas un italiano alegre y de pañuelo a la cabeza que había seguido la conversación de cerca nos pregunta si somos padre e hijo. “¿Padre e hijo?” repito.  “Sí,  bien puede ser”, le digo. “Compartimos ideales, nos parecemos incluso, ambos llevamos barba… debo decirte que sí. Somos padre e hijo uno del otro de manera intercambiable. Somos padres e hijos todos e incluso somos nostálgicamente en el corazón los “barbudos” de Fidel”.

Consigna de equipaje

“No se vive celebrando victorias sino superando derrotas”

Ernesto “Che” Guevara.

En estos once meses en Tulum he dejado ir casi todo. De hecho varias se fueron por sí mismas, acentuando lo a veces tristemente pedagógico de mi estancia.

Ese día en la playa había encontrado finalmente la gran ventanilla de consignación de equipaje, que necesitaba y que muchas veces pasó desapercibida, por grande. Allí estaba, podías verla mirando al inmenso mar Caribe. Su ancho interminable, su piso de mar, su techo infinito y estrellado en la bóveda y una sóla división en línea recta en el horizonte que la atravesaba a lo largo, eran sus sencillos  atributos.  Sonó entonces una voz. “Espere, Espere, su contraseña, señor!” Era la chica morena de esa tarde en la playa con la que conversaba Álvaro, hermosa, sonriente. “No olvide su contraseña”.  La miré en total ensoñación, le di las gracias. “Guárdela también. Yo ya no voy a necesitar todas esas maletas. No necesito acarrearlas más, tampoco necesito ya su contenido”. Haga que las abran en mar abierto para que se disuelvan todas las penas que antes fueron mías y que he empacado en ellas. Que no ronden a nadie ni a nada más ¡Estoy tan cansado de haberlas cargado cincuenta y dos años! ¿Sabe?

Ella me guiñó un ojo. Sabía perfectamente qué hacer.

Mirando hacia mi Isla retuve las imágenes más queridas, mi tierra chilena y mi infancia de entonces y las tres cosas que Cuba representaba para mi. Me alegré con la alegría de alguien al que le quitan un peso para siempre.

No acusé ninguna derrota. Ya no las había como tal. Yo seguía aquí. Sentí la emoción de haber imaginado ser el niño pionero en la foto de una revista o la portada de un disco con coros rusos y ya no tuve tristeza de aceptar no haberlo sido.

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Notas:

[1]  La historia de Cuba intenta romper el largo y complejo nexo con la colonia española desde la revolución armada de 1868, llamada la guerra de los diez años, que alcanza su cenit ofensivo en la forma de Ejército Libertador entre 1874 y 75, al mando del General Máximo Gómez. Por los cambios monárquicos en 1876, se firmó una paz sin independencia en 1878 en Zanjón, pero en el extremo oriente de la isla, los mambisas guiados por el General Maceo se sostuvieron por un tiempo más mostrando la voluntad de los sectores populares de esta primera revolución a conseguir su independencia. Este sector oriental era principalmente indígena. Nuevo cambios en España y la abolición de la esclavitud en 1886 distrajeron a la burguesía del animo independentista. Los cambios en la producción de azúcar y su tecnificación hicieron dependiente a la economía cubana de sus exportaciones a Estados Unidos y el capital norteamericano empezó a invertirse en ello. La emigración alimentó a los sectores populares en un segundo intento  armado por la independencia, en la Guerra chiquita de 1879. Las autoridades españolas lo desarticularon porque no había capacidad coordinada en las fuerzas revolucionarias. Esto fue lo que José Martí logró. Había sufrido prisión y destierro en la primera guerra. Conocía España, Estados Unidos y otros países latinoamericanos y en 1892 logra la constitución del Partido Revolucionario Cubano, principalmente centrado en los grupos cubanos emigrados de Estados Unidos. Desde el partido se logra la coordinación única de lo que en febrero de 1895 es el desembarco de Martí con el General Máximo Gómez por una tercera justa por la independencia, que avanzó con el apoyo de Maceo, llegado de Costa Rica, y las fuerzas mambisas desde el oriente de la Isla. Martí murió poco después del desembarco en combate. Maceo cae en combate en 1896 y asume Calixto García en su lugar. La colonia española no podía extraer ya recursos de la Isla para pelear las fuerzas revolucionarias pero el combate siguió hasta que en 1898 Estados Unidos “se interesó” en la Isla, que obviamente ocurrió antes por el azúcar, y consiguió que España otorgara la autonomía a Cuba, pero sin reconocer a sus instituciones. Los incidentes continúan con el desenlace de una guerra entre Estados Unidos y España por Cuba, con episodios navales y terrestres, la cual finalmente hace que España ceda Cuba a los Estados Unidos que asume su rol el histórico primero de enero de 1899, sin mediar por ninguno la opinión de los cubanos. Estados Unidos disuelve el Partido Revolucionario y las instituciones del país y deja acéfala la Revolución.

[2]  Cuba se suma entonces en una etapa triste de absoluta neo-república de Estados Unidos que jaló los hilos a través de la enmienda Platt votada por el congreso en 1900, para intervenir por sobre la Asamblea Constituyente, en los gobiernos civiles que ocurrieron en la república tutelada entre el inicio de siglo y la formación del partido comunista en 1925, eco de la revolución de octubre en Rusia. Aparecen en todos esos años de neo república los caciques, la corrupción, el clientelismo y la concentración de riquezas característicos del capitalismo de siempre. 70% de la producción de azúcar estaba bajo el control de los norteamericanos, la distribución de riqueza era sólo una concentración y la sociedad se polarizó y arremetió ante la represión del gobierno del presidente Machado que huyó. Duraron pocos meses el gobierno de derecha auspiciado por los norteamericanos tanto como el primer gobierno revolucionario de Ramón Grau San Martín. Se modifica la constitución en 1940 con reflejos de voluntad popular y el Fulgencio Batista llega a la presidencia como resultado de alianzas políticas y militares. La segunda guerra mundial trae algo de mejoría a la economía de la Isla y en 1944 asume la presidencia Grau San Martín. Ni su gobierno ni el de Carlos Prío pudieron aprovechar la bonanza y en cambio se infiltraron gangsters en el sistema que eliminaron a los líderes sindicales comunistas de los sindicatos, al más puro estilo Guerra Fría. La descomposición y el clamor de mano dura de Estados Unidos, trajeron al traidor de Batista al poder de nuevo, esta vez mediante el golpe de estado del 1952.

[3] Huyó con una fortuna que aproxima los US$ 100.000.000, exiliándose primero en la República Dominicana, luego en la isla Madeira (Portugal) y por último en la España del Franquismo, hasta su muerte en 1973 a causa de un infarto en la localidad de Marbella. Está enterrado en el cementerio de San Isidro, en Madrid.  (Wikipedia)

[4] Marco Enríquez-Ominami lleva años en la política desde que fue vicepresidente del centro de alumnos de la facultad de filosofía de la Univerdad de Chile. De familias destacadas y socialista militante, formó el partido progresista (PRO) en 2010. Definió por escrito y con buen equipo de asesores y posible gabinete su plataforma de gobierno entre 2010 y 2012. Obtuvo el 11% de votos en las elecciones Presidenciales de 2013 primera vuelta, un tercer lugar con la mitad de los votos de la derechista Alianza y un cuarto de los de Michelle Bachelet del partido socialista. El libro “Por un nuevo Chile: Propuestas para un debate ciudadano” contiene su visión de país.

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La Invasión de las Maletas by Juan Ayza M. is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

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