Invisibilidad

Fue en este viaje al D.F. que adquirí la invisibilidad. No hablé en todo el camino, salvo saludos, no atraje la atención, pasé por todos los filtros y al llegar me escurrí como una gota de mercurio por un costado de la salida nacional del aeropuerto de una Ciudad de México soleada a la media tarde, amable y con muy poca gente, hasta disolverme entre miles en el metro. La gente se movía lento y yo lo hacía aún más, de modo que desaparecí hasta preguntarle a un despachador de peseros tras su “pásele, pásele, Migración, Ferrocarril de Cuernavaca, San Joaquín” cuánto costaba el pasaje ahora. Llevaba más de un año fuera del defectuoso. Los mismos cinco pesos “güero”, me respondió.

Fue entonces que comprendí que mi sensación de invisibilidad se debía a que yo ya no era más de esta metrópoli y que bien podría haberme materializado al lado del despachador como viajero sideral, transportado por un rayo desde una nave espacial del futuro, o como un extranjero cualquiera.

Había estado expuesto a los ríos subterráneos, al portal cuántico y al mar Caribe de Tulum, lo suficiente para poder reconocerme otro y haber perdido el gentilicio citadino para siempre. Pero también había cambiado en mi el modo mismo en que me relacionaba con esta ciudad con Angel en el logotipo y los ángeles caídos que la habitan. La ciudad ya no me afectaba. Caminaba en cámara lenta, en paz e invisible por ella, con las mismas ventajas y la observación que Saramago le confiere al fantasma de Pessoa en el Año de la Muerte de Ricardo Reis y hasta las que no relata.

Mi invisibilidad viene de darme cuenta que nada aquí, ni allá, se trata de mi. Que yo no soy centro de nada y que en todos lados puedo ser uno más y hasta desaparecer para ser a través de otros. Recordé una foto de la luna de mediados de febrero pasado que tomé desde la playa en Tulum. Juan – el que llegó – sería como el lado oculto de la luna en ella.

El lado oculto
El lado oculto

Photo: Juan Ayza / License: Creative Commons v4.0 Non derivative, Non-commercial, Attribution.

— at Playa Azul Tulum.

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2 thoughts on “Invisibilidad

    1. Mi escritura y yo somos como la huella de mis pisadas en la arena de esta playa; me muestran cuerpo efímero y sujeto a la gravedad, aún cuando sea ligero como el viento. Soy piel en movimiento que envuelve mis sentidos y sentimientos, voluntad que cruza dimensiones en el tiempo y el espacio para crear realidades e historia cuando miro hacia atrás, contento. :*

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