Cebollas

En la ducha donde hay cielo por techo, esta noche el agua fresca me dibujó en brillo de luna y polvo de estrellas.

– ¿Qué otra cosa soy sino una instantánea de todas las películas mías en el planetario cielo vibrante? –

Sedienta la brisa tibia sorbió toda el agua de mi piel húmeda. Fui hoja seca bajo el almendro, envoltorio de los veintiún gramos indispensables que olvidan mi peso mortal. Ingrávido me separé del resto, sereno.

– Las nueve y media y apenas el resplandor mudo de unas cuantas crisálidas incubando los frutos de los que duermen bajo los árboles atrapasueños. –

Y me detuve en un compás de viento, estático, justo allí donde antes fuimos,
enjambre del rescoldo primigenio que cocina, tizne de leño, vapores de un mundo entero
que se encuentra en la única lengua, mesa en la que compartimos el universo que es abundancia,
alfombra voladora de un viaje inolvidable con cebollas, retazos de color
que hablan fragmentos de vida a luz de vela,
donde dos se encuentran
en Nicaragua para siempre y los demás,
lo deseamos aún despiertos.

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