“Cuarenta y Tres Siempre Aquí” Poema de Edna Ochoa

“Cuarenta y Tres Siempre Aquí” de Edna Ochoa (fragmento)

Hace unos días me acerqué a mi alma máter, la U.N.A.M. para participar en una charla importante para mi, sobre otras vías de sumar en sociedad y transformarnos.

El segundo día de la agenda, tomó la palabra uno de los padres de los normalistas de Ayotzinapa víctimas del delito de desaparición forzada. Él y otros dos familiares lograron llegar al foro sin que estuviera confirmada su asistencia. Una amiga les había traído.

La franqueza con que este hombre y padre nos contó lo que sentía y lo que había aprendido en siete meses, su claridad y valor para describir — sin doblarse — su firme vocación de encontrar a su hijo con vida, su bondad para albergar aún en él la esperanza de que exista un mejor futuro para todos nosotros en este país, y su sencillez, se quedaron todas en mi corazón; me dejó una huella profunda e imborrable. No era la primera vez que les escuchaba, pero algo pasó que ese clamor digno, que no pedía nada, me llegó más hondo que ninguno.

No acababa de recomponerme en la butaca que ocupaba, junto a unas treinta personas más en el auditorio, cuando, Edna Ochoa, una de las mujeres académicas y activistas en el panel de ese par de días definitivos, leyó el poema que había escrito durante la caravana de los normalistas en Tejas, Estados Unidos, hacía poco. Me tomó por sorpresa. Aquello fue un alud que arrancó allí donde me había desgajado y terminó arrastrándonos, a mi y al resto de los presentes, vencidos ya por la emoción.

Apenas iniciado, el poema se hizo grande. De alud, adquirió el ritmo de locomotora, chirriando sobre su vía de hierro, agarrando vuelo con cada “Cuarenta y tres” pronunciado, cual soplo repetido del vapor de su caldera desatada.

Estupefactos y tocados, otros en el panel empatizaban con lágrimas, como la audiencia. Edna leyó sin detenerse, encarrerada, con el ritmo implacable de algo demoledor como es, y sin puntuación, porque este tipo de hechos no ha parado de repetirse. No había nada que lo detuviera ya; no hay nada ya que lo detenga.

La avalancha de palabras tejidas, denunciaban fuertes e incesantes la injusticia en cada estrofa, sin ira y sin tener que decirlo. En su lugar, cada “cuarenta y tres” volvía a nacer vuelto memoria, unión y llamado. Cuarenta y tres semillas germinaban.

Si aún existen los valores que nos hicieron patria, estaban allí, en carne y voz, vivas. Clamando justicia, desde un punto superior, por moral, al de nuestras leyes — las yertas por encarceladas, las nacidas muertas, las abortadas y las no concebidas más siempre esperadas — , de un Estado oficialmente sordo y ciego, carente de voluntad política para recobrar su sentido.

Al terminar me acerqué a Edna y le pedí su poema para compartirlo contigo y dejar que de las cenizas — esas que no nos creemos, ni creeremos — resurja la certeza de que un mejor futuro sí es posible para todos nosotros, si escuchamos nuestro corazón y si comprendemos que en la tristeza de un hermano está nuestra propia pérdida.

No. No olvidaremos y sí hemos aprendido.

Ese México con futuro está en la última estrofa del poema, en el que Edna para entonces aminoraba ya su marcha hasta leer en una voz que sonaba inconfundible como la del Amor fraterno, quizá la voz de la madre tierra o de la madre patria. Era la voz de alguien que lo había visto; que nos hablaba desde ese mejor futuro.


Te pido un favor. Lee el poema en voz alta y haz que la cresta de cada ola sea el “Cuarenta y Tres”. No te detengas hasta llegar a la última estrofa. A lo largo, escúchate y deja que desde adentro — no importando nada más — hable tu propia voz, aquella que llevamos todos desde que nacemos y que se identifica con el otro porque fue hecha para eso. Desde esa voz, comprenderás el dolor del padre que nos hizo sus confidentes, sentirás qué han sido siete meses para él sin saber de su hijo. Desde esa voz entenderás sin palabras, todo lo demás. Desde esa voz sabrás por qué te pido que no seas indiferente.

Ayotzinapa, somos todos, sin importar qué pienses, porque lo que está pasando bien puede no distinguirlo y porque cada vida humana — la tuya y la mía — vale lo mismo y nadie podrá nunca pagar su precio.

Ompohualli ihuan yei nikanpan

(Cuarenta y tres siempre aquí)

Poema de Edna Ochoa

Los desaparecidos nos aparecieron. Nos juntaron
No estamos solos, ya nos unimos
Desenterramos la voz de tantos muertos que nos dieron
Y la resurrección viene con nombre de justicia

Nuestros muertos nos han levantado
Nuestros muertos nos empujan a luchar por la vida
¡Vivos los queremos! ¡Vivos nos queremos! ¡Vivos!

Cuarenta y tres suena Cuarenta y tres retumba
Cuarenta y tres nuestras gargantas
Cuarenta y tres nuestros corazones
Cuarenta y tres nos alzan Cuarenta y tres nos hacen llorar
Cuarenta y tres nos limpian las lágrimas
Cuarenta y tres nos detienen el dolor
Y lo levantan a caminar a exigir justicia

Cuarenta y tres nos hacen padres y madres Estudiantes nos vuelven
Cuarenta y tres qué México somos
Cuarenta y tres nos miran con sus ojos extraviados
De no saber por qué ¿Por qué? ¿Por qué?

Cuarenta y tres nos alientan
Cuarenta y tres nos dan rostro
Cuarenta y tres palabra nos dan
Cuarenta y tres fuerza Cuarenta y tres luz
cuarenta y tres memoria abierta Nunca olvido
Cuarenta y tres lucha Cuarenta y tres no detenerse
Cuarenta y tres caracol
Cuarenta y tres Señor y Señora Movimiento

Cuarenta y tres nos han despertado
Cuarenta y tres cataclismo cambio
Cuarenta y tres nos desentierran de los hoyos del olvido
Nos dan su sangre en las moléculas del aire
Su voz joven de hijos de campesinos y maestros
Su voz de tierra natal
Cuarenta y tres patria
Cuarenta y tres raíces semillas, tierra, todo es nuestro
Cuarenta y tres danza Cuarenta y tres canto
Cuarenta y tres jade Cuarenta y tres colibríes
Cuarenta y tres minas Cuarenta y tres mares
Cuarenta y tres nuestras especies de maíz
cuarenta y tres nuestros lugares sagrados
Cuarenta y tres nuestra lenguas
Nuestras costumbres de figura Quetzalcóatl
Cuarenta y tres nuestros recursos

Cuarenta y tres trabajo
Cuarenta y tres educación
Cuarenta y tres comunidad Cuarenta y tres arte
Cuarenta y tres ciencia Porvenir

Cuarenta y tres acción y palabra adelantándonos
Cuarenta y tres pueblo resurgido
Cuarenta y tres ternura
Cuarenta y tres resistencia
Cuarenta y tres espiritualidad todo rostro todo vida.

Edna Ochoa. es autora, activista y docente de la University of Texas – Pan AmericanModern Languages / Spanish con interés en Dramaturgia Femenina Mexicana, Estudios sobre Cultura y Literatura.

Su poema publicado aquí bajo licencia:

Licencia de Creative Commons
“Cuarenta y Tres Siempre Allí” by Edna Ochoa is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra escrita de la autora y enviada a mi por email.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en lochoa4@utpa.edu

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