Residencia creativa en El Delirio

Foto: Juan Ayza
Foto: Juan Ayza

Esta no es una editorial, pero sirva la nota de arranque para contarte dos cosas y para lanzar al universo el resultado de esta aventura maravillosa, que se transformó en obra artística en letra y fotografía que cuentan una historia.

La aventura me atrapó. De  contar unas cuantas cosas pasadas, cambié a contarlas como se van dando. Esto sucede  cuando haces crónica de algo que está vivo como El Delirio. Así, la obra que verás en las siguientes páginas decidió expresarse en forma de viñetas cotidianas – anécdotas y fotos -, puestas en el formato que  mejor les correspondía, que resultó ser el de una revista.

Lanzarla entonces, es al universo y a ti, lector, que es para quien se ha hecho. En una revista la promesa es que la aventura en la que nos embarcamos, continúa. También pasa que las historias hablan de aquellos, que como tu, se dan su momento en El Delirio.

Si es en este momento que lees estas líneas, es porque te tocaba hacerlo; es porque el camino de la obra y el tuyo se cruzaron justo en este instante. Y si te preguntas ¿Para qué ahora? encontrarás la respuesta más adelante – en estas páginas o en el tiempo -, en algo que nos supera a ti, a mi y a la obra, juntos. Y cuando sea, será para otros a los que quizá toquen nuestras acciones inspiradas por la obra, – que vayas a El Delirio o invites a alguien a disfrutarlo juntos – y entonces, sólo entonces, nos deje la sensación de haber realizado algo que importa.

Ahí te van las dos cosas que quería contarte.

La primera es de lo que se trató la aventura: de hacer una residencia creativa dentro de “El Delirio”.

Coincidirás conmigo que si vamos a hacer algo creativo tendríamos que invocar a la locura que caracteriza un momento de delirio y es antesala también de cualquier acto de creación, donde todo se admite, nada se juzga, nos entregamos a los sentidos y damos el paso antes de saltar un vacío lleno de luz y sombra, para entonces tejer con los elementos lo que nos toca.

Fue hace unas semanas que propuse a Micaela Miguel, socia e hija de la Chef Mónica Patiño hacer una residencia creativa dentro de El Delirio, el singular café de barrio que ellas crearon en la colonia Roma de la Ciudad de México. Había descubierto el valor de las residencias artísticas, creando y escribiendo en ellas antes. También había descubierto el valor de la intuición en buscar historias que contar, y mi pasión de vida por contarlas.

Unos días después de la charla con Micaela, estaba sentado en una mesa en El Delirio, cámara y pluma en mano, agradecido de que ella y su madre – artistas también -, abrieran las puertas de su casa como siempre las tienen, para esta aventura. La aventura de encontrar la respuesta a ¿Cuál es el espíritu de El Delirio? ¿Qué es lo que lo hace ser lo que es?

Algo muy relevante en la crónica de la aventura fue seguir la historia de pasión y trabajo de Mónica Patiño, una de las mejores chefs de México. Ella ha vivido la transformación de la gastronomía mexicana, al fin manifiesta en una mesa donde el comensal de cualquier país y el nuestro en especial, pidan, aprecien y comenten abiertamente el sabor de lo mexicano en su regreso al origen. Esto no siempre fue así. El regreso al origen ha sido una convicción de Mónica desde que empezó, pero verlo pasar ha sido para ella un viaje de treinta y cinco años. No te servían tortillas o una salsa molcajeteada en un restaurant fino antes, ni un cliente se hubiera atrevido a pedirlo aún cuando en casa le encantaran.

La segunda cosa que quiero compartir contigo, es por qué lo hice.

De regreso de vivir dos años en Tulum, Quintana Roo, había encontrado mi camino en interesarme, buscar y contar las historias de vida de otros que tuvieran  un significado particular, un espíritu que yo consideraba, especial. Podían ser las de personas comprometidas con el rescate de la abeja Maya, trabajando con las comunidades Maya para lograrlo, las de un Clown con la misión de traer paz a través del arte a los niños de nuestro país que han vivido en conflicto – pueblos como Cherán, Michoacán, por ejemplo – o las de una comunidad preocupada por la conservación y el agua en la Península.  Viví muchas de las historias que conté hasta regresar al DF.  Comprendí en cuerpo y alma lo que Alejandro Jodorowsky – artista chileno de nacimiento, escritor y psicomago por mencionar algo de su prolífica y amplia gama de artes -, había dicho: un escritor no puede escribir sino de lo que ha vivido.

Eran especiales para mi las historias que a iniciativa de unos crean y dejan algo en los otros, un contagio positivo que llena el espíritu. Aquellas en las que las acciones de unas decantan en obra que toca las vidas de otras para mejorarla, inspirándoles y mostrándoles el camino para todos posible si tan sólo nos detenemos, miramos hacia dentro y confiamos por tiempo suficiente y con convicción de  aquello que hacemos. Si en este hacer incansable, porque así se vuelve cuando descubrimos lo que nos apasiona en la vida,  creemos muy adentro en el corazón en que cada obra terminada es una manera de expresarnos y de servir a otros, entonces  descubrimos también la magia de todo. Si la intención es tal, nada mejor nos puede pasar.

Nuestras creaciones, este hacer apasionado, este camino interior descubierto, entran siempre por las puertas de los sentidos, directo al espíritu del otro que se detiene un momento para apreciarlas y hacerlas suyas, apropiándose tal vez de la huella del espíritu del artista que las creó, vibrando en ese instante a la luz de éste  contenida en la obra, o en su acción presente. Como en un estanque, aquello que uno crea, hace ondas que cuando encuentran a otro en el agua, las ondas que le rebasan también lo contienen.

Lo hice porque El Delirio tenía historias llenas de espíritu y de creatividad que a su vez tocan las vidas de otros. Lo hice porque el abolengo hace sentido para mi cuando lo pienso como la cantidad de espíritu acumulado en años de servir y de crear. Lo hice porque me apasiona y por los amigos y miembros de familia que me dijeron “estás loco” – para mi el inicio de un buen camino – y por los que no lo dijeron. Y me interesé en esta su historia, porque la gastronomía está pegada a mis raíces, a mi terruño, a mis recuerdos de infancia y a tantas vivencias de adulto. Resueno con la cocina y cuando lo hago pienso en una casa de los espíritus muy al Sur de nuestro continente, que fue la mía. Jodorowsky tiene tanta razón.

Así las cosas, diviértete y conoce el pulso de El Deliro a través de las siguientes viñetas de la Residencia. Ven  y conoce las anécdotas que cuentan ¿Cuál es el espíritu de El Delirio? Y sobretodo, disfruta como yo el viaje para averiguarlo, que es como siempre lo que realmente importa (1).

Y mientras lees, “haz hambre” y siéntete como en tu casa, que es exactamente lo que me pasó a mi en El Delirio.

 

Nota de diccionario

En las viñetas de esta revista no encontrarás una definición de El Delirio como tal, sino el conjunto de atributos que lo hacen ser lo que es. Lo que se quiere es descubrirlo por evocación, a través de la Residencia.

La única definición, la del sustantivo en nuestro idioma, la coloco aquí como una nota de diccionario, un apunte para ti y para mi, mero punto de partida. De las tres acepciones que tiene la palabra, cito y elijo del diccionario de la Real Academia Española, la tercera y te prometo acometer el tema en estas viñetas, con delirio.

delirio.
(Del lat. delirĭum).
3. m. Psicol. Confusión mental caracterizada por alucinaciones, reiteración de pensamientos absurdos e incoherencia.
con ~.
1. loc. adv. Mucho, enormemente.

 

Notas:

(1) Para referencia lee el poema: Ítaca de Constantino Cavafis, poeta y también, periodista Griego de inicios de siglo XX.

 

Licencia de Creative Commons
Residencia creativa “El Delirio” by Juan Ayza M. is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://wp.me/P3B5so-vH.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en juan.ayza@gmail.com

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