Contraste y balance

 

Como fotógrafo, volví a comprender la importancia del contraste. Como persona, aprendí del balance. El Delirio tiene los contrastes que despiertan los sentidos, en su cocina, ambiente y servicio, en un balance ideal que hace que podamos disfrutarlos en una intimidad que se siente como en casa.

Pude escribir este párrafo hacia el final de la residencia.

Había comenzado desde el primer día a notar los acentos en contraste en el trato del equipo de El Delirio, en los colores y sabores de su vitrina y barra, en la decoración del lugar y en más. No sabía por qué y cómo es que me llamaban tanto la atención los contrastes. Era como hacer un descubrimiento y quedarse pegado en ese canal después. Como ver el árbol y no el bosque. Fue un par de días después que pude ver que era el balance de los contrastes, y no los contrastes en sí, lo que hacía que me sintiera tan bien en El Delirio y lo que le daba su carácter singular. La combinación perfecta, como en una receta. Luego recordé a Mónica hablando en varias entrevistas sobre la enseñanza de vida que ha sido para ella lograr el balance.

Uno pensaría que el balance es algo evidente. Como fotógrafo lo entiendo en la composición y en la luz. Después de todo eso hacía allí, escribir y fotografiar. Pero es precisamente lo evidente lo que hace que no lo veamos. El balance es de esas cosas que sólo tocas si algo anda mal. Ajustado, no hay más que mover. Notar esto fue una revelación, sólo que ésta no apareció así nomás; fue más un  “¡Oye! pero ¿Cómo tu no te habías dado cuenta, chico?” – No tengo idea por qué, pero la voz me habló en cubano-. “¡No lo se, chico. No se qué me pasó!”.

La vida es de contrastes. El secreto está en el balance.

Contraste

Micaela (centro) conversa con Fer (izq.) y Tania (der.) en El Delirio. Agosto 2014. Foto: Juan Ayza
Micaela (centro) conversa con Fer (izq.) y Tania (der.) en El Delirio. Agosto 2014. Foto: Juan Ayza

 

Cuando Micaela decidió con interés por esta residencia artística, lo hizo en la reunión que tuvimos para ello, un viernes a las 12. Decidió allí y me dio mucho gusto. Había revisado con atención la información que le di acerca de la idea y que rebotamos un par de semanas por email. A la reunión yo llegué antes de la hora. Ella ya estaba activa en el restaurant; me alcanzó en la mesa de terraza puntual a las doce convenidas. Me invitó de inmediato a conversar tranquilos en la sala de Casa Virginia. Yo todavía estaba viendo si esa mesa nos dejaría conversar sin interrupciones. Me reí de mi mismo, como quien se ríe de los hábitos olvidados de un amigo y allí mismo me dejé guiar. La seguí con mi jugo de jamaica y jengibre – necesitaba la energía -, frasco en mano. Ella adelante con mi vaso con hielos, siempre anfitriona de Casa. Allí empezó mi eco de los contrastes que continuaría como referencia de mis sentidos todo el primer día de la residencia, el prisma con el que la viviría el martes siguiente. Me descubrí cambiado muy adentro por los años, viendo mis automáticos desde fuera y riéndome de ese amigo que partió cuando el muro de mi Berlín mexicano – y no Manhattan –  hubo de ser tomado y después sufriera lo que el de Alemania. En mi caso Este y Oeste dieron lugar a soltar grandes cantidades de Géminis para ser un sólo yo.

Me saludó de beso y supo mantener enseguida una línea y una distancia educada y sin esfuerzo. Tuvo una actitud casual como su vestimenta – blusa blanca de cuello alto, saco en gris sport con textura y volumen y jeans -, a la vez elegante por sobria (un chilenismo de “antes”).

A la vuelta de la esquina, camino a Casa Virginia, sobre Monterrey el artista japonés Kenta Torii pintaba a Buda transformándose en dragón a lo largo del humo que el mismísimo Buda exhalaba. la ocasión, el Artwalk Roma.

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Kenta Torii pinta mural en El Delirio, durante @ArtWalk Roma. Foto: Micaela Miguel. http://bit.ly/WcWLYb

 

Los tres personajes nos encontraron de paso. Micaela se detuvo y preguntó al artista si quería un café; sugirió varios. Un café con leche, gracias, dijo Kenta asintiendo como acostumbran, con la cabeza. Micaela regresó sobre nuestros pasos y pidió a alguien en la entrada de El Delirio que se lo llevaran. “Este mural es auspicioso” dije a su regreso. Recibí un ¿Por qué? en respuesta. Supe que había allí el sello de casa en el espíritu individual y propio de Micaela. ¿Por qué? era la pregunta que escuché en varias entrevistas de Mónica, como en la de radio del también Chef Alex Alvarez Icaza (Menudeando, Canal 18). Yo crecí con los ¿Por qué? Los chilenos estamos cómodos con esa pregunta frecuente. Pero, para ésta no tenía respuesta.

Nos sentamos en la sala. Micaela condujo la conversación firme y casual. Con eficiencia amable anunció, cual debía  ser y que se usa poco, que tenía veinte minutos disponibles; luego con paciencia y disposición sincera se puso a escuchar activamente. Había claridad en lo que quería “cuéntame cómo pasa la residencia” y se mantuvo abierta en aceptar y pedir una propuesta “dame un plan de la semana. Dije lo que me motivaba a hacer la residencia y hablé de ser un cronista y otras dos palabras que daban la idea concreta. Luego conversamos cómo pasaría. A un planteamiento en tema aparte de la residencia, hacia el final de la entrevista, Micaela, que estudió retail management en Londres, coincidió en la importancia que el buen comer y los productos de la tienda se conozcan sin que se  “anuncien” como otros bienes de consumo más, porque no lo son. Que estén dentro del contexto de ser creaciones de la casa preparadas con alta calidad es mejor y es el mensaje percibido por los que disfrutamos de esa cocina. La forma de lograr esto es precisamente escribiendo algo real de todo ello.

La reunión terminó. Lo breve lo acusaron los hielos aún en mi vaso parcialmente con agua. En mi otra mano el frasquito de jugo aún cerrado. En el corazón felicidad de que la residencia había arrancado.

Abajo en la terraza de El Delirio el disco #41 aún identificaba mi mesa como reservada. Me senté a tomar jugo y notas. En retrospectiva, miré el conjunto de atributos en contraste, de Micaela como envidiables, un gusto de notar en alguien joven cuando lo hace con humildad.  Micaela es miembro de la quinta generación de mujeres emprendedoras en Victoria147, asociación que promueve el emprendimiento en mujeres y su desarrollo integral mediante una plataforma de aceleración y networking. Mi pasado “ejecutivo” aprendió varias cosas de la reunión. También lo hice yo como persona. Quedamos en comenzar el siguiente martes, primer día hábil de la semana de El Delirio.

El lado dulce de la administración (Micaela Miguel) Foto: Juan Ayza
El lado dulce de la administración (Micaela Miguel)
Foto: Juan Ayza

El martes llegó. Aparecí a la misma hora que el viernes. Los contrastes en Micaela mostraron entonces la sensibilidad artística y a la residencia con la que había recibido el proyecto por email. Se daba el espacio para experimentar, para la creatividad. Cuando me presentó con Fernanda – encargada de operaciones de los tres negocios – y con Tania – su enlace en El Delirio -, lo hizo como un artista que va a hacer un “proyecto interesante de escritura, porque además es medio poeta, tiene un blog y más”. Agradecí que se diera el espacio para crear, como agradecí que se estableciera la relación artística.

Había balance en los contrastes de Micaela.

Balance

El balance es la enseñanza de vida que comparte Mónica  Lograr el balance es una de las cosas que le ha costado en su vida – “ No  perderse en el intento. A veces nos rebasan las ideas y el gusto de hacer cosas. Mucha energía creativa, femenina, te destruye”.

Fue también el balance entre ser abierta, franca, directa y desarrollar a su equipo para llegar al trato justo,  lo que tuvo que aprender cuando trajo al D.F. a La Taberna del León. La claridad que viene con la experiencia, ayuda. Alguien que conduce a su equipo de cocina nunca debe ser agresivo. No tiene la experiencia necesaria, si lo es. Firme y claro, sí, pero con respeto.  Lograr el balance entre lo artesano maestro y la calidad, con el poder reproducir sus platillos a escala, ha sido otro reto. En ser empresaria, tener socios han ayudado al balance también.

Y Mónica piensa en el balance en cada aspecto de la vida. A lo que hagamos, comamos y al planeta: “Hay que estar atentos con lo que comemos y lo que hacemos. [Esta] generación define si nos vamos al hoyo o tenemos un planeta balanceado”, dice Mónica. El balance para Mónica también está en comer sólo lo suficiente, en el yoga, en la meditación y en el budismo que practica.  Está en el danzón y está en el hacer y apreciar el arte.

La fotografía en la Residencia

Tania atiende a un cliente. - Buen servicio, sin que interrumpa -. Foto: Juan Ayza
Tania atiende a un cliente.
– Buen servicio, sin que interrumpa -. Foto: Juan Ayza

Por donde lo mirara y por lo que te he contado, la fotografía se antojaba en contrastes fuertes, de primeros planos con el fondo volado al blanco o de siluetas. La iluminación tenue del salón y las posibilidades de la luz de ventanas sobre todo norte, lo apoyaban. Los acentos en la forma de ser de Micaela, las experiencias a las que Mónica se había referido en entrevistas, lo inspiraban. Su cocina, en la que usa las salsas mexicanas como las pinceladas de color de un pintor en un lienzo, los atributos en contraste que noté durante el primer día de la residencia en la atención del equipo y hasta las anti-historias, me lo decían. El contraste – en blanco y negro en rótulos, letreros y mensajes, en la pizarra magistral. Está en el blanco del mosaico a media altura –  – y en los negros de las algunas paredes y estantes. Está en los brillos de acero inoxidable de vitrinas, utensilios y equipos de cocina, está en el frío de refrigeración y en el calor de sus hornos. Está en el servicio serio y sonriente, diligente con actitud de servicio, rápido pero relajado, asertivo de sí y no, efectuado por espíritus jóvenes pero con experiencia.

La misión también me pedía un foco suave que acentuara el ambiente cálido y relajado que se vive en El Delirio y cuidara mantener la privacidad de la mayor parte de los comensales, que representara mejor el momento secreto, íntimo y relajado que ese espacio, su atención y su cocina nos regalaban.

El blanco y negro se antojaba pero el color era importante como tema y metáfora también, sobretodo a un público notable entre treinta a cuarenta años.

El balance de los contrastes lo lograría en la composición misma.

El contraste: decoración y estilo en El Delirio

Foto: Juan Ayza
Contraste en rótulos       Foto: Juan Ayza

La combinación blanco y negro utilizada en contraste en el El Delirio da mucho estilo en cocina y en el salón en general.  El blanco y el negro son una fórmula perfecta para combinar luz y oscuridad que dan vida a la paleta de acentos y colores propios de la personalidad de la comida que se prepara en El Delirio. Dejando así asomar su propia influencia de países mediterráneos.

Foto: Juan Ayza
Blancos, negros y equipos de cocina           Foto: Juan Ayza

Mientras el blanco es luminosidad, pureza y frescura, el negro nos manda el mensaje de modernidad, elegancia y profundidad. Así también los espacios pequeños los agranda el blanco, donde los demás colores destacan como acentos – como en la pared de jugos, del bar -, y a los espacios grandes los compensa el negro, sin exagerar para no restar demasiada luz y cuidando que no sea en paredes de por si calientes de la cocina, como en el techo arriba del nivel de lámparas y ventiladores en El Delirio.

El blanco y el negro están bien pensados. No pasan de moda, son tendencia y se adaptan perfectamente a cualquier estilo, sea de cocinas, pisos, paredes , accesorios, equipos y decoración,  en diseños mas modernos o vanguardistas, o clásicos y de estética retro e industrial como son algunos acentos de El Delirio.

Los muebles de madera , sobretodo mesas y estanterías, son de líneas rectas y puras y por esto dan un aire de discreción y de simplicidad.  La idea de simplicidad es algo fundamental en El Delirio.

Lofty
Lofty: Azulejo en blanco, elementos de construcción aparentes.   Color en acentos (barra jugos).       Foto: Juan Ayza.

Los azulejos blancos en pequeño formato como revestimiento de media altura en las paredes de El Delirio, son ideales en la creación de espacios diáfanos como sucede en el caso de los lofts, donde realmente es característico encontrarnos con cocinas de estética industrial, aprovechando las columnas, vigas y demás elementos arquitectónicos que se mantienen a la vista y funcionan como decoración en esta moda, como es el caso de El Delirio. Los acabados sobrios  realzan así los elementos de diseño y tecnología que quieran mostrarse.

 

Licencia de Creative Commons
Contraste y balance. by Juan Ayza M. is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://wp.me/P3B5so-vY.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en juan.ayza@gmail.com

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