De ellos y ellas

Ellos y ellas (en orden de planos)             Foto: Juan Ayza
Ellos y ellas (en orden de planos) Foto: Juan Ayza

Dos y media de la tarde. Empiezan a llegar los trajes. Las damas que ya estaban sentadas en la mesa comunitaria, curiosean de pie las salsas de la columna-tienda detrás de ellas y se vuelven a sentar visiblemente contentas a conversar más en la mesa comunitaria.

Miro por el lente. Tengo en un primer plano dos hombres de traje que han llegado a su mesa y, en contraste, las tres damas en segundo plano.

Ellos, maduros, serios, buscando hablar lo menos, solos pero acompañados, hurgan sus celulares disimulando para encontrar mensajes de vida que no sean de oficina, algo que les haga reír, sin hacerlo. Miran a la distancia sin ver, entregados a sus pensamientos – que a uno le han llevado a la playa en su natal Guerrero,  mientras el otro se luce bailando en la fiesta de quince años de su hija -.

Ellas, en cambio, presentes interactúan, se miran a los ojos, se cuentan cosas, se escuchan, sonríen, toman curiosas cosas con las manos – el disco del número de orden, los celulares con algún dije colgante-, cuando no gesticulan con ellas.

Los platillos llegan a la mesa de los primeros. No se cuentan los sueños. Acometen su propósito: comen. El lente se aleja.
Los vasos de agua de guanábana, la del día, flanquean su comida y enmarcan la escena. La imagen aislada tiene la propiedad de inspirar una escena de comida corrida típica de oficina, dos de la tarde, sólo que ellos no están en una; es un aura que traen puesta, que se les ha quedado impresa de tanto hacerlo.

Un crooner suena en el audio del café. Canta una balada de los cincuenta, al ritmo de jazz suave.

De camisa a cuadros en verde, en sus cincuenta – también -, un hombre mira de pie a la pizarra. Mientras la ve se transforma en el niño regordete, travieso y amiguero del salón. Al cachetón se le mueven de un lado a otro, al ritmo de nesa-pong – el juego electrónico de su infancia que le queda perfecto a la velocidad con que su lectura devora lentamente la pizarra – mientras su imaginación y las glándulas salivales hacen el resto. Se acerca a vitrina, ordena en duda, inseguro, alternando un par de veces de reojo la pizarra por la chica que le toma la orden. Regresa a la pizarra para quedarse viendo de nuevo. Entiendo. Al niño se le antoja todo y su “domingo” se lo permite, quiere ordenar más, pero algo hace que el adulto regrese. La moderación lo lleva invisible de la oreja a sentarse en la mesa comunitaria, en la esquina, sólo, castigado pero con premio. Es justo el lugar que ocupó antes el caballero del sombrero negro.

Hombres serios    Foto: Juan Ayza
Hombres serios Foto: Juan Ayza

Hombres solos en esquina,
aturdidos contra las cuerdas,
esperan sin creer,
su solución por la puerta,
que miran sin ver la luz.

Hombres de reglas y ángulos rectos,
obtusos más que agudos.

Hombres al margen del río, expectantes.
Hombres serios.
Hombres.

 

Licencia de Creative Commons
De ellos y ellas by Juan Ayza M. is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://wp.me/P3B5so-xY.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en juan.ayza@gmail.com

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