“El cubano”

Días antes había visto al personaje que ahora aparecía por la puerta de El Delirio. Y digo personaje, porque su trato con la gente, su voz grave y el tono tranquilo,  su ir y venir sin esfuerzo, su estar en casa, su camisa celeste y pantalón beige y su panameño de cinta negra, llaman la atención porque le quedan. El llamado no es estridente. Lo llamé “el cubano” en un momento de iluminación auditiva en que atendí a su acento. En mi caso la alusión es solidaria; guarda memorias – tan buenas como ocultas por tempranas – de mi primera infancia en esas tierras.

"El cubano"
“El cubano”

 

Quién es, me intriga a lo mejor por eso. Teoricé como cualquier escritor sobre “el cubano” claro, como su personaje y no su persona. Vi como igual lo saludaban los vecinos de la colonia, sencillos con cariño y respeto, los de años, los que son “de allí”, como también lo hacían aquellos que venían de clientes. En horas de tranquilidad le veía despachar en alguna mesa de terraza. Más de una vez le acompañaba una dama. No la misma. Esa tarde soleada el cabello era negro azabache tenía cuerpo y guardaba un par de ojos profundos, vivos y rítmicos como el movimiento su cabeza al conversar. Su tez blanca, las piernas largas revestidas de unos jeans azul de mar que no es Caribe con costuras blanca y con una cadencia al caminar que ya no se ve seguido.

¿Quién es “el cubano”? Hombre paciente, hombre que no está acorralado pero sí en una esquina. Personaje que conversa – sostiene conversaciones que duran  días – con el hombre de la mejor canasta de tacos. Hombre que escucha la sabiduría de la calle. Hombre de pensamientos que no mueren porque no llegan a la boca (en alusión a Nicanor Parra en su centenario).

“El cubano” que entra ahora lleva una sonrisa en mano, hace un saludo general desde la barra de entrada a los que del equipo están cerca de caja y alcanza sin quitarles la mirada, de memoria pero a tientas, un cuaderno detrás de las botellas de buen mezcal del anaquel. Acto seguido, sale a su terraza. La pista me confirma que él es de casa.

 

Más tarde ese día, pasadas las cinco, un caballero de traje azul y corte inglés, con finas rayas verticales en blanco, de aspecto cuidado y unos setenta años, avanza en medio de un salón vibrante por la clientela, seguido a paso lento y fiel por … “el cubano”, que parece escoltarlo hasta su lugar en la barra. Con un saludo breve el caballero se sienta a comer y “el cubano” se aleja satisfecho.

Hay que conversar con “el cubano”. Darse el tiempo de escuchar al que por él habla y responde al nombre de Oscar.

¿Qué tal si no es cubano?
Licencia de Creative Commons
“El cubano” by Juan Ayza M. is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://wp.me/P3B5so-y8.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en juan.ayza@gmail.com

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