El Delirio y los puntos cardinales

Notas de un primer aterrizaje

Tenerlos identificados antes de entrar es importante porque no resultaría nada difícil ante la confusión mental y las alucinaciones propias de un Delirio, desorientarnos – perder el norte, que para mi es sencillo porque me guío por el Sur que escribo con mayúsculas por razones profundas -,  para luego perder también el sur,  en medio del delirio que estoy por experimentar. Preocupado anoto sobre la luz y la cuadratura del círculo, que aquí de Polar no tiene nada pues se aprecia desde que entras, una calidez que invita.

Es el primer día, pasadas las presentaciones con el equipo,  atención de Micaela tras mi llegada, tomo una mesa y me dispongo a desaparecer. Intento ser la consabida mosca en la pared. Como no veo ninguna, asumo que en este Café de Barrio se dispone de ellas de alguna manera mágica, y desisto. Tomará tiempo – pienso – mimetizarme a la vista de todos, así es que pido un café. La intención del día es tomar estas notas de acentos, luz y actividad. Conectarme. Hacerlo mi casa. Pocos minutos después, como podrán ver, la intención queda rebasada por mucho.

Me siento, dejo una pequeña mochila y mi estuche de la cámara en el suelo bajo la mesa. La inquietud es la normal de cualquier proyecto que comienza. Es más curiosidad que inquietud. Hay que ver y sentir y para eso hay que detenerse. Disfruto la pausa. No se puede ver y sentir al vuelo. Que todo avance, que me adelante, que yo estaré inmóvil para volverme invisible.

El Delirio me toma rápido, sentirme en casa sucede de inmediato. Algunos comensales más están entre el desayuno y la comida conversando,  en parejas o acompañados de su lectura, a gusto, disfrutando un respiro y un café. Cinco grupos en total. La mayor parte a esa hora son damas. Un par de ellas vienen con sus hijos pequeños. Tres se sientan en la mesa común (table commune). Es un momento de ambiente tranquilo antes de que muchos acudan a comer las delicias del menú de hoy.

Frente a mi, sobre la mesa, la cámara, un par de objetivos  un cuaderno verde de tapa dura, mi pluma fuente favorita. Me la regaló uno de mis hijos y ha estado conmigo en mis historias importantes de vida. Un par de anteojos me recuerdan mis cincuenta y tres, como el visor de mi cámara a un costado de ellos, calibrado al máximo para mi vista “cansada” de ver, pero no de asombrarse de la vida desde que abro los ojos cada mañana.

 

Foto: Juan Ayza
Foto: Juan Ayza

Mi mesa es para dos personas. Puedo sentir la textura de la madera con las yemas de los dedos. Descanso toda la mano sobre la cubierta. Es agradable.

Estoy frente al bar y su pared en una paleta multicolor del amarillo hasta el rojo vino, de jugos envasados en recipientes de vidrio, y que acomodados bailan ritmos del trópico exuberante del maracuyá, hasta los bosques húmedos donde crecen zarzamoras -. El muro que a todos los que entran impresiona y a sus pies, la barra de café.

Lofty  Foto: Juan Ayza
La pared de jugos                     Foto: Juan Ayza

Miro hacia la entrada, hacia el poniente. A mi derecha el muro norte cubierto de mosaicos blancos a media altura. Arriba de la línea de mosaicos, sobre mi cabeza,  uno de los espejos panorámicos de dos que hay, ayuda a unir y apreciar toda la vida del lugar. No figuro en él por costumbre y diseño fotográfico. Tomo nota de hacer fotos por el espejo. Hay otro pequeño en la pared de jugos. Son buena forma de lograr fotos de los comensales, sin incomodar.

Foto: Juan Ayza
Foto: Juan Ayza

A menos de un metro de mi mesa al poniente, la luz blanca de norte entra maravillosa por las ventanas y da en las codiciadas mesas para cuatro. Una ventana más, en la esquina de Alvaro Obregón y Monterrey, resalta los sartenes de cobre colgados sobre el marco superior y el arreglo de flores con colores en violeta y rosa, en un florero que no les roba cámara, que decora una barrita de recepción. Registro los contraluces y siluetas para hacer fotos. Hago unas cuantas.

Foto: Juan Ayza
Foto: Juan Ayza

Al sur, la vitrina principal con sus tesoros que entran primero por la vista y que de izquierda a derecha leemos desde lo libanés para abrir boca, pasando por los jamones, higos y baguettes preparadas, luego las opciones del menú del día – que se reproduce con variantes ligeras por la semana -, la repostería con nutrido uso de especias como el cardamomo y frutos silvestres y rojos, hasta llegar a los quesos y el pan artesanal alrededor de caja. Aquí también fotos a contraluz desde atrás de la vitrina, del sur hacia la ventana norte. Imagino las canastas con el pan. La luz debe ser un poco más temprano; ya está muy arriba el sol y empiezo a perder colores y acentos. Anoto.

 

Foto: Juan Ayza
Mediterráneo                     Foto: Juan Ayza
Foto: Juan Ayza
“Bocadillos”, jamones e higos                 Foto: Juan Ayza
Foto: Juan Ayza
Menú del día, deli y un buen vino             Foto: Juan Ayza
Foto: Juan Ayza
Panqués y Tartas                 Foto: Juan Ayza

 

Foto: Juan Ayza
Baguette           Foto: Juan Ayza

“Las penas con pan son menos” lee uno de los letreros en blanco y negro en El Delirio, mientras abunda el buen pan en su tienda y en las mesas. Del pan – delicioso y aún mejorando – hay mucho que contarte y lo haremos más adelante.

En medio, una columna majestuosa vestida con frascos de la marca de casa, llenos de compotas, mermeladas, miel, sales de mar, tés, café, aceites de oliva y más. Me pregunto ¿Cómo jugamos los clientes con esta pared de sorpresas?

Foto: Juan Ayza
Chipotles en escabeche                         Foto: Juan Ayza

Frente a la columna, hacia el oriente,  una mesa comunitaria (table commune) refleja la importancia de compartir. La importancia del balance como valor y medida de lo justo está también presente en el objeto literal de una balanza, al extremo de la mesa que mira a la vitrina. Imagino una foto de Mónica, Micaela y esta balanza. Ya la haremos.

Foto: Juan Ayza
La Balanza                   Foto: Juan Ayza

Del otro lado de la mesa, en la pared al oriente, un amanecer de sabores está escrito en una pizarra tan artística como alta, que muestra con calidez a los comensales, las opciones del deli y del menú del día, agregando la narración y la imaginación al sentido ya exaltado de la vista y al demorado del gusto, que ya aparece de los recuerdos y espera su recompensa al probar la comida.

Foto: Juan Ayza
Amanecer de sabores en la pizarra al oriente.          Tania vuela por El Delirio                Foto: Juan Ayza

Mimetizado, aprovecho que aún no son la una del día y hay espacio para moverme, y hago algunas fotos del pan y de la columna. Desde allí, las fotos de Saúl en la barra de un lado para otro, con el café lleno de gente, y en general del equipo en movimiento más rápido que el de los clientes, se antojan para un quinceavo o un treintavo de segundo. Flash Gordon.

 

Licencia de Creative Commons
El Delirio y los puntos cardinales. by Juan Ayza M. is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://wp.me/P3B5so-wp.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en juan.ayza@gmail.com

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