Love yourself! feat. Marco Antonio

¿Una boleada, güero? – El del cajón anda en sus cuarenta, es chimuelo, está flaco pero correoso, trae barba crecida, la tez morena, el pelo largo y descuidado, y ya se le ve la lona en el cráneo. Sus ojos café claro esperan imparciales y muy juntos – sin llegar a ser bizcos – a que en particular el par de zapatos que pisan la calle de Colima a la altura del número 114, hablen por mi – su dueño -, que en ese instante toma un americano, plasma sus delirios en un cuaderno y atiende a la pregunta. – ¡Va! – contestan los zapatos, con una voz marrón.

El hombre se sienta sobre su pierna derecha doblada en la banqueta mientras se apoya en la izquierda que se queda en cuclillas con la rodilla hacia el cielo, lista para la faena. Su cajón llama al primero de mis pies. Al tiempo que comienza a pasar el cepillo, me dice – Sabes güero, un consejo, no dejes que los boleros te pongan tinta. Se amuela el zapato. Mi trabajo es lubricar los zapatos ¿Porque lo que tú quieres es que duren, no? Para eso sólo grasa y brillo, güero. – El güero en mi, que es poco, asiente convencido al hombre – no cualquier bolero -, que tiene enfrente.

Conversamos de esto y aquello. Él pasando la franela y de vez en cuando – uno por zapato – el dedo índice con saliva, el toque maestro en una suerte más de ademán, más pausa magistral, que acción.

Es Dios quien te da la magia ¿Sabes? – me suelta pa’ pronto y me deja en suspenso…

¡Ey! pst, pst, – de pronto se dirige a un par de muchachos que salen de Abarrotes Delirio y que responden con su mirada al llamado de atención, ¿Cuándo limpias esa gamuza, güero? – o sea que güeros todos por aquí, me dije – … Cuando quieras – agrega solícito y medido, sin esperar ya respuesta de aquellos. Regresa conmigo.

Yo  creo que el hombre es el único animal que se destruye sólo ¡Yo por ejemplo viví veintisiete años de teporocho en la calle! Habrás visto partir a muchos – le digo – ¡Sobreviviste! Sí, a un montón, güero… se queda un rato allí. Y luego, un día alguien trajo unas milanesas robadas a la casa abandonada donde vivíamos en la Juárez. Salí a venderlas y que me caen los judiciales güero y, ya sabes, pa’ dentro.

Me entró una angustia tremenda cuando la magistrada dijo que me la iba a aventar de siete años. Ya en el túnel camino a las celdas me asaltó una tranquilidad igual de tremenda, absoluta, que nunca había sentido antes. Allí, y en ese momento, me di cuenta que yo, el arquitecto de mi propio destino, el que me había hecho la vida horrible. Fea. No me quedó más que disculparme, reconocerlo y cambiar. Y lo hice: llevo nueve años afuera, en mi juicio, y ahora me quiero mucho. Trabajo con el cajón y le doy consejos sinceros a la gente, para cuidar sus zapatos, – tomo como mi misión decirle a la gente que se quiera.

Es que ya no queremos ver. No vemos más allá de los ojos … ¿Quieres saber cómo le hago? – ¡Sí! … Es sencillo, papá. Cuando salgas de tu casa, mírate al espejo en silencio y reconócete. Quiérete. Y a eso, agrégale una sonrisa… ¡Y listo!

¡Hay que querernos! – Eleva la voz para que los que están junto a mi mesa de terraza, escuchen – fiel a su misión declarada -. Los cuates son norteños, pero de Italia, y se la pierden.

La boleada llega a su fin ¿Cuánto te debo Marco Antonio? Quince Pesos, güero. Nomás traigo uno de a cien. No te apures, yo te lo cambio. – saca un fajito de su bolsillo -. Cóbrame veinte Marco Antonio, gracias – se lo digo desde muy adentro -.

Marco Antonio se retira, no sin ofrecer la boleada y el consejo aprendido en toda una vida, a alguna otra mesa, que accede a ser iluminada, como yo.

Doy gracias por lo necesario que es recordar esto, no sólo por uno mismo sino porque si te quieres, quieres a todos los demás. Cuando pase Marco Antonio por Colima 114 y estés en terraza, date una boleada con él y contágiate.

 
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Love yourself! Feat. Marco Antonio by Juan Ayza M. is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://wp.me/P3B5so-Ed.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en juan.ayza@gmail.com

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